Los verbos reflexivos son lo que llevan siempre un pronombre en todas sus formas verbales. Normalmente estos verbos indican que la acción es realizada por el sujeto sobre sí mismo y los puedes reconocer porque llevan el pronombre se detrás del infinitivo.

Ejemplos: bañarse, levarse, peinarse o acostarse.

El uso es muy simple y probablemente los pronuncias a diario en tus comunicaciones habituales y rutinarias. Sin embargo, estamos tan acostumbrados a ellos que no reparamos en su particularidad.

Para poder distinguirlos, además del pronombre se (que va al final de verbo) también debemos fijarnos en otros pronombres reflexivos que pueden ir de forma independiente dentro de la oración.

Ejemplos: Paco se levanta, Manolo se ducha.

A veces se añaden más pronombres a la oración.

Ejemplos: Me ducho cada doce horas. Él se levanta siempre tarde.

En estos casos vistos, y otros muchos, el verbo reflexivo tiene dicha condición debido a la acción de los pronombres que los acompañan, también reflexivos.

Ejemplos: Yo me ducho. Tú te lavas.

También existen algunos casos especiales de verbos reflexivos, en los que se está indicando un cambio de estado, pero no una acción concreta.

Ejemplos: Manuela se puso muy contenta. Mi mejor amigo se hizo carpintero.

Observamos que se comunica un cambio en el sujeto, de ahí que el verbo se transforme en reflexivo, aunque no lo sea propiamente.

Otros casos, aunque más adelante veamos más, son: enojarse, preocuparse, deprimirse, atreverse, reírse, entristecerse.

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