La noche parecía iba a permanecer a oscuras, y solo la magia de una planta portátil sería capaz de mantener las sombras a raya. Pero ello cambiaría cuando llegó la mejor Terapia que se puede desear, esa donde no existen jeringas ni medicamentos incómodos, sino letras bien pensadas e instrumentos y voces acopladas con maestría, a la cual nuestros antepasados llamaron música.
Los primeros acordes de Terapia llenaron la sede de Soñarte, y los bailadores, imposibilitados de permanecer sentados, calentaron la improvisada pista de baile. Esa fue la señal que, al parecer, esperaba la corriente eléctrica para asomar su rostro.
Era el inicio de un hasta pronto, más que de un adiós; de un nos vemos, y no de una despedida. Fue el comienzo de una cuenta regresiva hasta el próximo año, cuando se descorrerán, por tercera vez, las puertas de Avivarte, evento que tuvo en la noche de este 28 de febrero, su jornada conclusiva.

Como en toda fiesta, al menos en Cuba, los niños que deciden cuando actuar, y ante tanta música la pequeña Alison no se pudo quedar callada, acción a la cual, de inmediato, se sumó el intranquilo Cristian, quienes con sus voces menudas, se unieron a la fiesta, justo antes que los visitantes foráneos, junto a Irma y Bárbaro, recibieran una inesperada sorpresa de manos de Liset, (dueña de la cocina, junto a las jimaguas, durante Avivarte), una botella de artesanía personalizada que ella misma había decorado, buscando poner en cada caso, el color favorito de la persona que lo recibiría. Hermoso recuerdo que, a nombre de Avivarte, tendrán desde ahora y que les hará, en el caso de los extranjeros, recordar por siempre este tan especial viaje a Cuba.


Sin embargo, la música, y en especial La Terapia, estaban renuentes a dejar escapar a Marian Charchabal Espinosa, pues no hay mejor Terapia para el alma, que una voz bien timbrada. Fue así que, en medio de la noche, se dejó escuchar su potente voz, con la cual conquistó a todos los presentes, mientras confesaba que "Dios, dice que la gloria está en el cielo, que es de los mortales, el consuelo al morir. Bendito Dios, porque al tenerte yo en vida, no necesito ir al cielo"... y benditos quienes, en algún momento, tenemos la oportunidad de disfrutar de su canto.
A la fiesta llegaron otras cantantes, otras voces para llenar de colores el Avivarte 2026, y claro que esta vez no podía faltar la Negra Tomasa, con todo y su bilongo y la café que ella cuela, que hicieron a los pequeños Alison y Cristian bailar bajo el embrujo de su bilongo.

Pero aún había mucho más, y esta noche nadie se iba a poder ir a dormir sin comerse un cucurucho de maní, ese que "rico y calientito está" y cuando algunos pensaban que " ya no se puede pedir más", llegó la parte más silenciosa de la velada, la de la comida.
Comida hecha y servida con amor, sin apuros, en lo que La Mora, la tercera cuarto bate musical de la noche, recordaba que "no hay que llorar, que la vida es un carnaval y las penas se van cantando", por lo que dió "Gracias a la vida, que me ha dado tanto".
Tras le necesaria pausa para "recobrar fuerza" la Terapia musical volvió a tomar las riendas de la noche. Fue la Mora la encargada de ese segmento final que inició con calma, para rápidamente aumentar de ritmo al tomar por la ruta de Chan chán, yendo de Alto Songo a Marcané, llegando a Cueto y partiendo rumbo a Mayarí, marcando así el tramo final de un adiós con alma de hasta pronto, ese que tendrá en el 2027, cuando Soñarte abra sus puertas para dar la bienvenida a la tercera edición de Avivarte.

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