Después de “pasear” la vasta geografía de la República Popular de China, por tercera ocasión, entre octubre y diciembre de 2025, el Ballet Español de Cuba (BEC), liderado por el maestro Eduardo Veitía, regresa a la sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba, con su nueva versión de Carmen, apellidada ahora Cuba.
Una obra muy conocida en el repertorio internacional, pero que aderezada con tonos muy nuestros –por todos sus costados- se presentó, con rotundo éxito de crítica y público por veinte ciudades de 12 provincias, la Región Autónoma de Guangxi y Shanghai, tocando todos los puntos cardinales del gigante asiático en saludo a los 65 años de las relaciones entre ambos países.
Abriendo el año 2026, el del aniversario 39 de la compañía, el Ballet Español de Cuba la presentará al pueblo cubano, durante dos fines de semana: los días 9, 10, 11,16, 17 y 18 de enero, viernes y sábados a las 7 de la noche, y domingos, 5:00 p.m. El domingo 18 de enero, a las 11:00 a.m. tendrá lugar la función de la Unidad Docente y Talleres Vocacionales del BEC.
Carmen. Cuba, la nueva producción de Eduardo Veitía, tiene todos los elementos para atrapar a cualquier espectador con su magia, netamente cubana. Son muchos los factores que suma. La coreografía de Veitía, está basada en la obra de Prosper Merimee, mientras que, en el apartado sonoro, aunque la base musical es la de George Bizet, él ha incorporado música flamenca, española, otras versiones sobre la original, y notas cubanas como la excepcional entrega que hace la cantaora Chelo Pantoja del bolero Dos gardenias, de Isolina Carrillo, en un instante mágico del trío Carmen, Escamillo (el Torero) y Don José.
Es, pues, una pieza elegante y original, ya que ha “vestido” a su Carmen, con un hálito de ritmo, colorido, energía y musicalidad matizada de pura cubanía, que desborda fronteras. Es como, si de pronto, el sortilegio del Caribe se moviera en la obra, algo que la personaliza y le regala una nacionalidad…Y, desde el punto de vista coreográfico, se mueve en una cuerda de tradición, contemporaneidad, en el baile, que atrapa al espectador.
Con imaginación, el coreógrafo utiliza elementos danzarios que la distinguen de otras creaciones. Ahí está una parte del triunfo de Carmen.Cuba, al mezclar todo lo que en el tiempo Veitía ha aprendido del baile español, el flamenco, la danza contemporánea, el ballet clásico, sin olvidar lo cubano, nuestro, implícito en cada bailarín y hasta en la música…Amen de la originalidad del baile en la que despliega un difícil arsenal técnico, que eleva el clímax de la pieza, y, luego, con suma perspicacia, y muy pocos recursos, a veces con las capas de los bailarines, por solo citar esto, cambia de atmosferas, son murciélagos que caminan entre las sombras, presagiando el final, o piedras de un paisaje inhóspito…, al que se suma ese diseño de luces ‘de su autoría’, que aumenta la magia del espectáculo. Hay mucho más por descubrir…
Al compás de la danza, la música llega en armonía extrema, y, visualmente, las imágenes escenográficas realizadas por Tamine González con el video mapping, son de un gusto extremo, pasean por la obra como un personaje más que la enaltece, traducen momentos, y lleva al espectador a un espacio de ensueño al dibujar emociones. En pocas palabras: camina en la misma dimensión del coreógrafo. Pone cada escena en su lugar exacto, dejando espacio para mostrar la riqueza visual de los paisajes cubanos al final, en el éxtasis… Y termina de “bordar” el hecho artístico, la labor realizada por ese gran artista que es Oscar de la Portilla, en el diseño de vestuario de Carmen.Cuba, que entrega el toque final de autenticidad de la obra, y el buen gusto que la rodea. Porque amen de la hechura llevan la luz de estas tierras bañadas de sol, que le ofrecen un encanto singular. Es la “piel” en los cuerpos de los bailarines, expresando una identidad, cuando vibran y estallan con todas sus fuerzas al contornearse con el ritmo, iluminados por una música, también especial, que desata pasiones...
Luego de casi hora y media de espectáculo, Carmen.Cuba reserva emociones para el final. Cuando parece que todo termina con los saludos, el auditorio renace como Carmen. Es una mujer ya universal, sigue viva, como sinónimo, símbolo de libertad, pasión eterna… Y la música desata movimientos que esculpen una clase de flamenco, y resuenan nuestros ancestros en la escena. Es África, España, el Caribe…, hay muchos matices. Es la herencia que el tiempo y la vida dejaron en estas tierras. El público la acompaña con palmadas rítmicas que desbordan en ovaciones, en cada lugar. No hay dudas. Es Cuba.
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