Empezó trabajando como aprendiz a los 17 años, con cualquier película que pudiera encontrar. Desarrolló una aproximación cinematográfica de la realidad dirigiendo documentales para el Servicio de Noticias Latinoamericano del ICAIC. Pero, para conocer más acerca de quien supo darnos su fascinante visión poética de José Martí (El ojo del canario amarillo), llena de nuevos y profundos matices tenemos que hacer un poco de historia, acerca del director de cine Fernando Pérez.
-Usted es uno de los directores de cine más admirado y reconocido en la actualidad. ¿Cómo repercute eso en su vida cotidiana?
-Hago los mandados, camino y me muevo a veces en almendrones, hago la cola para cobrar mi jubilación, voy al Policlínico y la farmacia de mi barrio… que, por cierto, tengo el tarjetón de Clonazepam en blanco porque hace seis meses que no viene el medicamento; es decir: soy uno más en La Habana y a veces me saludan con cariño porque han visto mis películas.
-¿Qué tiene en cuenta a la hora de iniciar un proyecto?
-Que me identifique plenamente con él. Nunca he hecho algo por encargo.
-La música ha sondeado formas de comunicación entre el director y el compositor, que van desde el diálogo personal hasta el trabajo de equipo, ¿prevalece la emoción a la hora de escogerla?
-Si no hubiera sido cineasta, me hubiera gustado ser músico --quizá la más inefable de las expresiones artísticas. No domino la técnica ni tampoco tengo aptitudes, pero sí me queda la emoción. Y de alguna manera el lenguaje cinematográfico es también ritmo, crescendo, melodía, música.
-¿Por qué actores recurrentes en sus filmes y la música de Edesio Alejandro?
-Porque trabajar con los actores y los músicos es trabajar con las emociones. Con Edesio y con muchos de los actores y actrices con los que suelo trabajar he intercambiado muchos secretos, he compartido muchos sentimientos y en cada nuevo encuentro a veces basta una mirada o el silencio para que nos entendamos.
-¿Qué significó Madagascar para la carrera de Fernando Pérez?
Fue un cambio de registro hacia un lenguaje más metafórico y simbólico. Pero sobre todo fue (y sigue siendo) un intento de expresar las contradicciones y el compromiso con la realidad más inmediata de mi país. Recientemente la volví a ver con un grupo de espectadores jóvenes y muchos de sus conflictos se mantienen vigentes.
-Cree que el Premio Nacional de Cine llegó en el momento justo.
-No creo mucho en los escalafones y clasificaciones de las expresiones artísticas como no creo tampoco en los premios. Son reconocimientos que resultan bienvenidos, pero siempre son relativos. Me alegró recibirlo junto a Daisy Granados y Nelson Rodríguez, pero también pude haberlo recibido antes o después.
-Trabajó junto a Tomás Gutiérrez Alea, Titón, como asistente de dirección: ¿Qué le debe como cineasta?
-Todo. Pero sobre todo el rigor. No un rigor de disciplina, sino el rigor de la búsqueda y el cuestionamiento permanente.
-¿Sus grandes influencias aparte del afamado director japonés Akira Kurosawa?
-Soy cineasta, pero sobre todo cinéfilo. Hay películas que he visto múltiples veces como inspiración y estudio desde Mulholland Drive de David Lynch hasta Indiana Jones en el templo de la perdición, de Spielberg (no discrimino estilos ni géneros). La lista sería interminable.
-¿Cuánto hay de su vida y sueños en sus películas?
-En cada una de mis películas hay un pedazo de mí.
-¿Mejor hora para las musas, si es que existen?
-Las musas existen y vienen cuando les parece. Ahora mismo llevan un mes perdidas en el horizonte lejano. Pero no me desespero: ya vendrán.
-¿Gustos en música y pintura?
-Dos pintores: René Magritte y Edward Hopper. Miles de compositores, canciones, sinfonías, rock, pop, toda la música.
-Hábleme de Insumisa, película que me impactó por su valentía, con la excelente música de Philippe Héritier.
-Insumisa es una película que debo a su codirectora Laura Cazador. Fue ella quien me ofreció codirigir la historia de Enriqueta Faber una extraordinaria mujer que se adelantó a su tiempo. Trabajamos toda la banda sonora con tenues sonoridades musicales para que solamente al final estallara un crescendo de percusiones. Fue un trabajo muy cuidadoso de Philippe Heritier.
-El cine, al igual que otras creaciones artísticas es imaginación, magia, utopía y realidad. ¿Al mostrar esta última se ha sentido incomprendido o mal interpretado?
-El cine que me interesa hacer lo termina cada espectador. Comparto la convicción de Nicholas Ray de que en el cine existe una fórmula para el fracaso: tratar de contentar a todo el mundo. Las múltiples interpretaciones, la ambivalencia de historias y personajes mueven el pensamiento y son la médula de la expresión artística.
-¿Qué piensa del erotismo en el cine?
-El erotismo forma parte de la vida como cualquier otra manifestación humana y por lo tanto, es materia de la expresión cinematográfica. Me motivó mucho filmar las secuencias eróticas de La vida es silbar.
-Aunque es un hombre muy ocupado ¿en su tiempo libre que prefiere hacer?
-Caminar. Llegar hasta el malecón.
¿Por qué La Habana?
-Es mi lugar en el mundo.
| "Fernando Pérez", la emoción del lenguaje cinematográfico.
Fernando Pérez Valdés (19 de noviembre de 1944), director de cine cubano, licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad de La Habana. Ha impartido cursos de Apreciación Cinematográfica e Historia del Cine en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños. Entre su filmografía más relevante están Clandestinos, Suite Habana, 2003 Madagascar, La vida es silbar, 1008, Últimos días en la Habana 2016, El ojo del canario 2011, la pared de las palabras y más recientemente El mundo de Nelsito, donde un adolescente autista de 16 años sufre un accidente después de fugarse de si casa. Y desde su estancia en el hospital va narrando el lado oculto de aquellas personas que lo rodean diariamente. Entre ellos: mujeres asesinas, jóvenes estafadoras y niños perversos. A su regreso a casa encuentra a sus simples vecinos cotidianos. Con la música de Jorge Amado, la fotografía de Raúl Prado y la dirección de Fernando Pérez, así como las excelentes actuaciones de Edith Massola, Isabel Santos, Omar Franco y Laura de la Uz, entre otros consagrados actores, El Mundo de Nelsito resulta una puesta atractiva y reflexiva, como nos tiene acostumbrados su director para los amantes del buen cine cubano. El premio nacional de cine ha recibido otros galardones internacionales como los premios Goya y Ariel por mejores películas iberoamericanas. Nació en Guanabacoa, que en aquel entonces no era sino una pequeña aldea de pescadores al Este de La Habana. Su padre, cartero, lo llevó a ver su primera película cuando tenía 6 o 7 años. Era una película del Oeste y Pérez recuerda con claridad el efecto que le causaron aquellos indios y vaqueros. Madagascar, de 1994, constituye la primera en atraerle atención internacional, elogiada por The New York Times. |
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Excelente entrevista, Fernando Pérez , es un director de cine con talento extraordinario, derroche de humildad y sinceridad extrema.
Una entrevista muy coherente y por sobre todas las cosas bien sintetizada,con magnífico ritmo y las preguntas son tan interesantes como las respuestas, más que una entrevista me gustaría que la periodista escribiera más y llegará a formar un libro.Felicidades a la periodista y a Fernando por ser tan buen director y tan buen cubano,ah y felicitaciones a Tribuna por hacer pública tan buena entrevista.