Hace 131 años, en Dos Ríos, cayó en combate el más universal de los cubanos: José Martí. En su carta póstuma a Manuel Mercado, no solo selló su compromiso con la libertad de Cuba y América, sino que lanzó una advertencia profética contra el imperialismo creciente del Norte: “Impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América”.
Martí murió con las riendas del caballo y el alma puesta en evitar que nuestra América se convirtiera en satélite de un vecino voraz. Su caída no fue una derrota; fue la siembra definitiva de una ética anticolonial y antimperialista que hoy, más que nunca, sigue iluminando la resistencia frente a cualquier intento de dominación.
La vigencia de Martí es absoluta, y así lo entendió Fidel cuando sentenció: “Martí es el autor intelectual de la Revolución cubana”. En sus ideas germina el deber de pensar en Nuestra América unida, justa y soberana.
Cada aniversario de su caída en combate nos recuerda que la dignidad no tiene precio. Por eso, hoy le rendimos homenaje no como un cumplido o una ceremonia formal, sino con obras vivas: defendiendo su sueño, desenmascarando al imperio y construyendo, como él quiso, una Patria con todos y para el bien de todos. ¡Martí vive!
(Tomado del Facebook de Roberto Morales Ojeda)
Ver además:
Martí legó a los cubanos su profundo patriotismo, sentimiento anticolonial y antimperialista

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