El señor presidente de Costa Rica, Rodrigo Chávez, en actitud enemistosa con Cuba y muy complaciente con la administración Donald Trump, particularmente con su Secretario de Estado, Marco Rubio, decidió romper relaciones diplomáticas con la Isla, de manera burda, ridícula, y carente de credibilidad ante los gobiernos de la región y el mundo, lo cual dejó a todos estupefactos por las barrabasadas empleadas como pretexto.
Este señor Rodrigo habla de maltratos y represión en la nación caribeña. Imagino que en su subconsciente está pensando en la política criminal que se ejerce en otro país, y no en Cuba. Quizás quiso decir y no dijo, por su servilismo a Washington, que debían romper relaciones con quien en verdad reprime a sus connacionales en EE.UU a través del ICE, o los deporta, sino los encarcela injustamente, y no solo a costarricenses, a latinos de diversas latitudes.
Pensó, quizás, en los gases lacrimógenos y palos que dan a manifestantes en Norteamérica, el racismo latente y profundo en esa nación, las diferencias de clase, donde para llegar a una universidad u operarse un riñón o el corazón debe tener altos ingresos la familia, para poder sobrevivir, entre otros flagelos de drogas, violencia y armamentismo desenfrenado. Y nada de eso, sepa señor Rodrigo, acontece en Cuba.
Imaginó quizás en su pesadumbre, amar al gobierno que apoya el genocidio en Gaza, invade países, o realiza ejecuciones extrajudiciales en aguas internacionales, al que bloquea desde hace más de sesenta años, vilmente, a la solidaria y colaboradora tierra cubana, alaba a quien potencia crímenes de lesa humanidad.
Sin embargo, señor Rodrigo, nada de esos abusos y crueldades se constatan en Cuba, a la que usted tilda de “dictadura”, desconociendo su esencia y realidad, que es profundamente popular, esa donde la población en asambleas de comunidades y referéndums decide su destino, y sugiere ideas e iniciativas para luego aprobar legislaciones en su Parlamento.
También el pueblo cubano, por su alto patriotismo, desprecia a los títeres, e interventores foráneos y sin moral alguna para acusar a la nación caribeña, Isla digna que solo exporta médicos, maestros, instructores de arte, cultura, alfabetización, y no bombas, y lo hace a pesar del asedio imperial y abusivo de su amo.
Cuba será siempre amiga y solidaria con el pueblo costarricense, a pesar de sus gobernantes serviles a quien los humilla y desprecia, aunque los manipula y utiliza en contra de otros pueblos dignos de América. Como Roma ayer, paga a los traidores, pero los desprecia.
Nada podrá destruir los sueños de los libertadores, Bolívar, Sucre, San Martin, Eloy Alfaro, José Martí, y de quienes siguieron esos legados emancipadores; Hugo Chávez, Fidel Castro, y muchos otros honorables y patriotas de la Patria Grande que abogaron por la unidad, integración y complementariedad en pos del desarrollo de Latinoamérica y el Caribe, a pesar de los que intentan desunir para consentir al Goliat de la era contemporánea.
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