El gobierno de los Estados Unidos se ha convertido en el vulnerador de la anhelada Zona de Paz declarada por América Latina y el Caribe. Y el presidente que hoy radica en la Casa Blanca, Donald Trump, y su despreciable Secretario de Estado, Marco Rubio, resultan ser los principales protagonistas de agresiones y ejecuciones extrajudiciales en la región caribeña, e infame invasión a Venezuela, acciones criminales e incivilizadas en el siglo XXI.

Las administraciones norteamericanas tienen en su haber vasta historia de injerencias e intervención en asuntos internos de otras naciones, particularmente en Latinoamérica. Y ahora sumaron, en esta era que apostaba ser civilizatoria, la traicionera embestida militar con fanfarria belicista, desproporcionada, a la República Bolivariana de Venezuela, secuestrando como vulgares delincuentes, al mandatario legítimo, institucional, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores.

Y en ese contexto de inmoralidad y quebranto del derecho internacional y humano de Washington, fueron asesinados alrededor de cien personas, y entre los mártires del genocidio imperial, 32 cubanos, que, en desiguales condiciones, batallaron valientemente contra superiores medios y tropas invasoras yanquis. Estos hombres de la estirpe de los Maceo y del legado patriótico de Martí y Fidel, contribuían a defender la soberanía e integridad de ese país hermano del continente, vilmente asediado y amenazado, y protegían al dignatario constitucional.

Los cubanos lucharon de manera corajuda hasta su última gota de sangre, a pesar de ser víctimas mortales de los pertrechos belicistas del invasor, ese que con saña y alevosía arremetió de manera cobarde e indigna, contra estos héroes de la nación caribeña. Ellos murieron como gigantes de la Patria cubana y venezolana, a la cual ofrecieron su solidaridad e internacionalismo, hasta sus últimas consecuencias.

Y desde el arribo a Cuba de las urnas con las cenizas de estos compatriotas, mártires que ofrendaron sus vidas por la causa de la justicia e independencia de Venezuela, su pueblo, a lo largo y ancho del territorio nacional, manifestó repudio contundente a sus asesinos, y reafirmó el compromiso y determinación de salvaguardar su soberanía al precio que sea necesario. Los días 15 y 16 de enero fueron jornadas de profundo dolor y sensibilidad humana, por la muerte de nobles y dignos representantes de esta aguerrida Isla.

Pero también esas ignominiosas acciones protagonizadas por Norteamérica en su desprecio a los pueblos latinoamericanos han contribuido a afianzar la conciencia patriótica y antimperialista de millones de ciudadanos de la Mayor de las Antillas, convencidos cada vez más, de que el enemigo de la paz e independencia de los países, radica actualmente en la administración de los Estados Unidos de América.

La Casa Blanca ha demostrado ser incapaz de respetar leyes internas y externas establecidas, internacionalmente, e ignora la importancia del multilateralismo y el derecho de cada nación a su autodeterminación, principios básicos para alcanzar la paz mundial, y el desarrollo sustentable de cada país.

La historia valida el sacrificio, resistencia y combate sin tregua de los cubanos ante colonialistas, neocolonialistas e imperialistas, por centurias. No promueven odios ni crímenes como los que ejecuta, sistemáticamente, EE.UU. contra decenas de Estados soberanos, la nación caribeña lo que potencia es solidaridad y colaboración, tampoco apoya genocidios como el de Gaza, complicidad que tiene Washington con las prácticas del sionismo orientadas al exterminio de miles de palestinos y también otras poblaciones árabes, con fines de hegemonismo en el Oriente Medio.

Y las honras fúnebres de los gloriosos combatientes cubanos mostraron la unidad inquebrantable de la población en torno a la defensa del país y frente a las amenazas aberrantes y demenciales de quienes, por ambiciones, arrogancia y sed de expansionismo intentan apoderarse, no solo de recursos y territorios de Nuestra América, sino que sus garras de rapiñas siguen diseminándose también, por otras tierras del mundo.

Hay grandes similitudes entre el fascismo hitleriano y el que trata de imponer Washington en la era contemporánea. Y aunque parezca inverosímil en este siglo, resulta incivilizado y salvaje, buscar expansionismo territorial, usurpar recursos, asesinar con ejecuciones extrajudiciales, invadir y secuestrar por el mero hecho de no compartir sus designios hegemónicos, de estirpe cruel, y genocida. Así lo demuestran los acontecimientos en aguas del Caribe, en Venezuela, y en otras latitudes donde, tradicionalmente, se han orquestado intervenciones e injerencias estadounidenses las cuales solo han provocado caos y desestabilización.

Los pueblos latinoamericanos y caribeños están hastiados del comportamiento amenazante y hostil del Norte brutal que los desprecia. Es hora de fomentar la integración y aunar esfuerzos y voluntad ante las apetencias imperiales de Washington que sigue apostando y tratando de retrotraer el pasado de esclavitud y colonias de anteriores centurias y su abominable Doctrina Monroe, desvergüenza de su política de dominio aberrante.

La historia de los siglos XX y XXI validan la frase del Libertador de América, Simón Bolívar; “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias, en nombre de la libertad”, y también las advertencias del apóstol de Cuba, José Martí, en su ensayo de “Nuestra América”, al señalar la gran amenaza que se cernía sobre América Latina con el naciente imperio de los Estados Unidos, al cual incluso, interpreta como el gigante de las siete leguas o pulpo.

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