El 15 de octubre aún se encuentra envuelto por las nieblas de la madrugada, y ya decenas de personas de la capital, pertenecientes a las organizaciones políticas y de masas de Cuba, se encuentran en las calles, en franco desafío al cansancio.
No andan vestidos de gala, no van a una fiesta o una actividad recreativa, sin embargo, sus rostros reflejan una alegría contagiosa, esa que se siente con fuerza estremecedora en medio del pecho cuando se sabe se hace el bien a otros.
Este 15 de octubre ellos van a tender su mano solidaria a los pobladores de Pinar del Rio, provincia que necesita de las manos de todos para terminar de cerrar las heridas que el huracán Ian dejara en su geografía.
Es aún de madrugada. Los caminantes abordan los ómnibus que les llevarán hasta la hermana provincia. Es el inicio de una fiesta diferente, una donde no habrán piñatas ni globos, cake no refrescos; payasos ni magos, pero sí mucho amor y entrega por cada uno de los que, desafiando el sueño, viajan rumbo a Pinar del Río para ayudar, con el sudor de su frente, a sanar las heridas dejadas por Ian.
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