Carlos Juan Finlay, científico cubano, grabó su nombre en la historia por su contribución a las ciencias médicas. Su descubrimiento sobre el agente transmisor de la fiebre amarilla trascendió los siglos. En su memoria, se instituyó en Cuba el mayor reconocimiento a quienes hacen ciencia.

Llevar la Orden Carlos J Finlay, que otorga el presidente de la República de Cuba a propuesta del ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente es reconocimiento y compromiso. Así lo expresan quienes han visto, sobre sus pechos, la imagen de aquel paradigmático hombre de ciencia.

Recientemente, se les impuso la Orden Finlay a un selecto grupo de personas dedicadas a las ciencias en muy diversos ámbitos e instituciones. En esta ocasión, en el proceso correspondiente al año 2025, 34 distinciones correspondieron a La Habana.

Los condecorados pertenecen al Instituto de Investigaciones de la Caña de Azúcar, al Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, al Centro de Inmunología Molecular, Centro de Histoterapia Placentaria, CIMAB S.A., MEDSOL, Instituto de Filosofía, Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, Centro de Aplicaciones Tecnológicas y Desarrollo Nuclear, Centro de Isótopos, Instituto de Cibernética, Matemática y Física, Centro de Estudios Avanzados, Centro de Protección e Higiene de las Radiaciones, Instituto Investigaciones Porcinas, Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, Instituto Central de Ciencias Pedagógicas, Ministerio de Educación, Centro de Investigaciones de Política Internacional y la Unión de Industria Militar.

Tribuna de La Habana conversó con algunas de las personas condecoradas, que representan a una comunidad consagrada a investigar por el bien común.

Ciencia para la comunidad

El Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas es el espacio donde se desempeña Bárbara Zas Ros, doctora en Psicología. “La Orden Carlos J Finlay es un alto reconocimiento a toda la labor científica en campo de las ciencias sociales que llevo haciendo desde hace más de 20 años”, dijo.

Bárbara Zas Ros. Foto: Raquel Sierra

En esas dos décadas, sus investigaciones se han centrado en temáticas vinculadas “sobre todo con estudios psicosociales de la salud en comunidades cubanas, tratando de buscar una serie de herramientas y de recursos en función de mejorar la calidad de vida de sus pobladores y enfrentar problemáticas psicosociales como la violencia, el alcoholismo y las indisciplinas sociales”.

Esos estudios la han llevado a diferentes provincias y comunidades, entre estas, La Timba, donde desarrolló “un proyecto muy bonito que se llamó Deporte en el barrio, en el que utilizamos las prácticas deportivas grupales como una de las herramientas para promover procesos de transformación social y comunitaria”.
Zas destacó la importancia del reconocimiento a personas que trabajan las ciencias sociales, “más en este momento histórico del país, cuando existen tantas problemáticas psicosociales como parte de la policrisis que estamos enfrentando y para lo cual se están teniendo considerando y aplicando algunos de los resultados científicos obtenidos”.

Bien merecido

Desde otro campo de la ciencia procede Gabriel Manuel Coto Valdés, investigador del Centro de Histoterapia Placentaria. “Llevo más de 30 años en la caracterización de los productos extraídos de la placenta humana, una fuente de nutrición importante, que después de haber sido utilizada en medicamentos, todavía puede emplearse en la cosmetología y la alimentación animal”, declaró el investigador y profesor titular de la Escuela Latinoamericana de Medicina.

Gabriel Manuel Coto. Foto: Raquel Sierra

Los productos fabricados a partir de la placenta humana benefician, fundamentalmente, a las personas enfermas de vitíligo y en la alopecia, como biofortalecedor del cabello. Son diferentes las formulaciones y los propósitos de cremas y otros preparados a partir de la placenta.

Acerca de la Orden Finlay, la valoró como un reconocimiento a tantos años de trabajo y, tal vez, la última condecoración que reciba, pero que representa la cúspide de todas las anteriores. “Incluso, me parece inmerecida entre tantos historiales tan importantes de otros galardonados este año”, expresó con modestia.

Sin buscarlo

“Los reconocimientos, son siempre importantes. Uno los agradece, no los busca, no los espera, pero siempre son relevantes porque te dan la medida de que lo que has hecho en tu vida, además de que te gusta, está bien hecho y ha servido para algo”, respondió Elaine Morales Chuco, del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello.

Elaine Morales Chuco. Foto: Raquel Sierra

“Lo agradezco mucho y espero que de alguna manera sirva a las personas jóvenes que uno forma a que vean cómo los esfuerzos en el ámbito de las ciencias sociales son igualmente valiosos para el desarrollo social del país y son reconocidos por el colectivo de investigadoras y de investigadores de las ciencias, en general”, declaró.

“En la sociedad cubana de hoy hay muchos problemas que investigar, hay muchas cuestiones en las cuales poner todos nuestros esfuerzos para tratar de encontrarles una solución”, consideró.

Desde las ciencias sociales, “los jóvenes pudieran atender, primero que todo, las problemáticas que más les aquejan, aquellas que más hoy están poniendo en riesgo la reproducción de esas ventajas y esos elementos favorables que tiene la sociedad cubana, que se traduzcan en una participación que redunde en toma de decisiones oportunas para las políticas públicas y el desarrollo, de forma que las juventudes y las adolescencias cubanas encuentren en nuestro país su proyecto de vida”.

Pero, “para eso también hay que investigar y encontrar dónde están los elementos de insatisfacción, y no solo encontrarlos, sino tratar de transformarlo, de hacer algo para que esas insatisfacciones se conviertan en nichos de satisfacción y los jóvenes se mantengan en nuestro país, aporten al desarrollo y se sientan con una vida plena en este proceso, dijo Morales Chuco, quien ha centrado sus pesquisas en torno a las adolescencias y las juventudes cubanas, sus percepciones, aspiraciones e identidades, así como las percepciones de marginación, exclusión y de desigualdades que pueden estar afectando a determinados sectores.

Desde la pedagogía

El doctor e investigador Orestes Valdés Valdés, de la Dirección de Ciencia y Técnica del Ministerio de Educación, trabaja desde hace muchos años en el campo de la pedagogía de la educación y la educación ambiental, la prevención de riesgo de desastre, los temas de sequía y biodiversidad, entre otros.

Orestes Valdés Valdés. Foto: Raquel Sierra

“Para mí la condecoración tiene un gran significado. Agradezco muchísimo la posibilidad de recibir del presidente de la República, a propuesta del ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, la orden Carlos J. Finlay, un eminente científico cubano. Esa orden me compromete a continuar avanzando por nuevos resultados en el área de la pedagogía y de la educación para el desarrollo sostenible”.

Toda una vida

Iris Valdés Prado, investigadora del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, pertenece al área de investigaciones biomédicas y específicamente, al Departamento de vacunas. “He trabajado durante toda mi vida profesional, 26 años consecutivos, en esta institución, en los proyecto de desarrollo de una vacuna contra el dengue, contra el zika y también, en la época de la pandemia, nos vinculamos a los de vacunas contra la covid”.

Iris Valdés Prado. Foto: Raquel Sierra

“La Orden Finlay es la de mayor significación que se entrega a los científicos en Cuba por los aportes y resultados en el área de la ciencia y la innovación. Nos llena de alegría recibir tan alto reconocimiento, que a su vez es un compromiso, una responsabilidad de que nuestro trabajo siga siendo importante y contribuyendo al desarrollo y al beneficio de la salud de nuestro pueblo”.

“Es un reconocimiento a un resultado que no es individual, sino de un trabajo en equipo, y también a una intención institucional en darle prioridad a este tipo de investigaciones y también contribuir a la formación de jóvenes, como mismo fui formada antes por otros profesionales, como tutora de tesis de diploma, maestrías y doctorados dentro y fuera de la institución”, señaló.

Un campo vital

Pudiera pensarse que no, pero las relaciones internacionales son también un objeto de estudio. A ese tema se dedica Sunami Fabelo Concepción, investigadora del Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI), y miembro joven de la Academia de Ciencias de Cuba.

Sunami Fabelo Concepción. Foto: Raquel Sierra

“He trabajado en los últimos tiempos el tema de la diplomacia científica: toda la construcción de las relaciones diplomáticas, pero desde la ciencia, es decir, construyendo puentes con aquello que nos une en el mundo de los científicos, de la cultura y cómo eso puede contribuir a edificar esos enlaces que pueden después desembocar en el mejoramiento o en la profundización de las relaciones políticas”, explicó.

Para Cuba, abundó, eso es significativo. “En el caso de Estados Unidos, por ejemplo, donde existe diferencias ideológicas y políticas y una situación compleja, tenemos la fortaleza de las relaciones culturales, que se mantienen independientemente de la complejidad de las relaciones políticos. Existe colaboración entre médicos, científicos e instituciones y eso es algo muy valioso porque estas relaciones trascienden, independientemente del clima político. También desde la música se rompen barreras”, explicó

La Orden “es un honor, pero un honor traducido en una mayor responsabilidad. Llevar esa medalla implica continuar trabajando todos los días, haciendo valer el hecho de que tienes esa distinción”.

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