Hace apenas unos años lo que es hoy Finca Marta era un espacio para salir corriendo: una vivienda maltrecha, piedras por doquier. Hoy podría decirse que es un faro que puede marcar el rumbo a quienes quieran, con todas sus fuerzas, dedicarse a la tierra.

Hasta ese espacio en el municipio de Caimito, en la provincia de Artemisa, llegaron desde Guanabacoa integrantes del proyecto Impulsar la transición ecológica en La Habana para garantizar la seguridad alimentaria, la sostenibilidad de las formas de vida y la diversidad de ecosistemas, en versión corta:

Transición agroecológica, iniciativa implementada por la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA), junto a las organizaciones españolas Movimiento por la Paz (MPDL) y Justicia Alimentaria, con financiamiento de .

En la voz de Fernando Funes Monzote, ingeniero agrónomo e iniciador de esta experiencia, conocieron de la decisión tomada junto a su familia –Claudia, su esposa y dos hijos-, de dejar la vida en la ciudad, para asumir un nuevo comienzo en el campo y llevar los conocimientos acumulados a la práctica, el sentido del proyecto, los retos a los que se enfrentaron desde que comenzaron, en 2011.

Finca Marta fue un propósito personal, como profesional de la agricultura, tratando de poner en práctica lo que estaba promoviendo desde la agroecología, el grupo de la agricultura orgánica desde los años 90, desde la academia…para mí era un compromiso personal poder hacerlo en la práctica y ver hasta dónde podíamos llegar”, les explicó.

Ante un auditorio atento de agricultoras y agricultores, representantes de unidades ganaderas, fincas, Proyectos de Desarrollo Local, de ACPA y de sus contrapartes internacionales, Funes les contó desde las razones del nombre escogido –un homenaje a su madre, la investigadora Marta Monzote-, las incertidumbres, los pasos que dieron para poner en marcha una iniciativa productiva, social y económico, atravesado por lo ecológico, hasta las ideas de “cómo hacer en estas lomas de piedra para lograr una vida económica”.

Su padre, Fernando Funes, uno de los pioneros de la agroecología en Cuba y junto a Marta, comprometido con el desarrollo de la agricultura en Cuba, recordó que cuando vio por primera vez el lugar, le comentó: “tú estás loco, esto es piedra nada más” y agregó: “todas estas piedras por dónde van a caminar, las casas, los canteros…todo es con piedras de la finca”. La respuesta fue: “No se preocupe, papi, yo voy a hacer producir esto”.

Foto: Raquel Sierra

Los pies en el campo

Las terrazas donde crecen la hierba buena, el ajo de montaña, el apio, la rúcula, la espinaca, acelga, escarola, envidia, eneldo, albahaca genovesa, cilantro y perejil, entre otras, parecen una postal. Las pendientes de la finca no fueron un obstáculo, sino una posibilidad de hacer producir la tierra como en un teatro griego.

Producimos alrededor de 100 productos diferentes, lo cual ha servido no solo para tener ingresos y un conocimiento mayor de cómo hacerlo, cuándo hacerlo y en qué volúmenes, en función de los mercados y la demanda que podemos mantener”, explicó el ingeniero agrónomo.

De las frutas, producen o procesan y conservan guayaba, melón, fruta bomba y maracuyá, entre otras.
Según refirió, los conocimientos teóricos y prácticos que traía de su labor técnica y la academia, sirvieron de algo, otras las aprendió en el camino, de las personas que le rodeaban, por ejemplo, sobre manejo animal y alimentación del ganado. Fue un aprendizaje mutuo y colectivo, pues también lo hicieron quienes acompañan la experiencia desde el principio.

La finca emplea la energía solar para el bombeo del agua para el riego y contará con una deshidratadora para el procesamiento seguro de flor de Jamaica, mango y piña y nuevos túneles para la producción protegida de cultivos como fresas, pepino y apio, por ejemplo.
Resiliencia

La historia de la finca ya tiene 14 años, ha crecido en producción, en ingresos, en personas dedicadas a la parte agrícola, el beneficio, el procesamiento, la comercialización, el mantenimiento del entorno, que ya son 30.

Cada oración llevó implícito un mensaje, una enseñanza. Funes explicó la importancia de las escalas para las fincas, donde debe haber un equilibrio, un aprendizaje permanente y ajustes, para que el ecosistema funcione.

“Cuando se va de escala un proceso productivo o un propósito, se deja de hacer otras cosas que están demandando esfuerzo. Siempre ha habido un esfuerzo en equilibrar las escalas de los diferentes componentes. Como modelo de producción diversificado de cultivos y animales de diferente intensidad, todo el año, tenemos que reevaluar constantemente lo que estamos haciendo”, precisó.

Puso como ejemplo como en un momento prescindieron de las cabras, porque no eran viables, generaban más problemas que beneficios económicos y sistémicos. También les ha sucedido con las hortalizas, el fuerte de la finca, que abastece seis tipos de mercados diferentes, desde el local y social –hogar materno y de ancianos, círculo infantil y personas en situación de vulnerabilidad-, hasta mercaditos y restaurantes, así como las ventas mayoristas a empresas.

Los obstáculos no han sido pocos, pero Finca Marta es ya una Mipyme, una de las pocas que dispone de tierras y es, además, usuaria de la Zona Especial de Desarrollo (ZED) Mariel, dijo Funes hijo. “Como proyecto, se logró presentar una propuesta que fue aceptada y se convirtió en la única empresa privada dentro de la zona, lo que implica compromisos a partir de nuestra condición de usuario y muchos retos que van apareciendo en el camino”, agregó.

Foto: Raquel Sierra

Revés

Hay días que no son felices en Finca Marta. Uno de ellos fue el que decidieron deshacerse de las reses, que consideran un revés. A lo largo de los años, les han robado 15 animales, el último y que llevó a la decisión, fue reciente, la yegua Luna, que a lo largo de 10 años con la familia se utilizaba en el pastoreo.

“Hemos tomado la decisión, es un dolor tremendo”, dijo. Desde el punto de vista profesional y técnico, “fue gran parte de la hipótesis de mi vida científica, el cierre de ciclo y la integración de la producción animal y vegetal”.

Según comentó, en el camino ha habido tropezones. “El error ha sido fuente de problemas que se repiten continuamente y siguen apareciendo”, y, a su vez, “fuente de desarrollo, porque no hay desarrollo sin errores ni problemas, cuando se resuelve, pasas a una fase superior”.

Foto: Raquel Sierra

Más allá de Finca Marta

Desde hace cerca de ocho años, la finca comenzó a trabajar con pequeños productores de la cercanía, quienes a través de esta lograban valorizar sus producciones, en un modelo que se fue refinando y que llevó a la introducción de especies y variedades, la firma de algunos contratos, con altas y bajas por cuestiones legales, administrativas y económicas.

Como usuaria de la ZED Mariel y luego como Mipyme, creció la capacidad legal de contratación y lograron incrementar los contratos de producción cooperada con productores de la zona, hasta tener en la actualidad 60, que crecerían una vez terminada la planta de beneficio proyectada para 2026, así como otros con cooperativas y empresas estatales, lo que complejiza la operación.

“Esto ha sido parte del aprendizaje de cómo multiplicar los conocimientos de Finca Marta en el territorio”, que llevó a la formulación de un Proyecto de Desarrollo Local, que enfrenta las disimiles vicisitudes alrededor de esta figura, en lo jurídico y en el relacionamiento con otros actores del territorio.

El próximo paso, explicó, es Finca Marta dentro de una comunidad agraria sustentable, un eslabón posterior, con un área de 150 hectáreas distribuidas en 12 fincas, que implica el deseo de las personas de aprender, superarse, “esa dinámica a escala familiar y comunitaria, en 10 años, la finca será parte de la comunidad, que funcionará con dinámica propia, con un centro de recepción”, que comprendería diferentes servicios y atractivos.

Foto: Raquel Sierra

Aprehender

La explicación de Funes dio el pie forzado para que los integrantes del proyecto guanabacoense expusieran sus diferentes experiencias en materia de ganadería, las amenazas que representa el robo del ganado en la disminución de la masa ganadera, la impunidad ante ese tipo de delito, lo que desestimula la tenencia y la producción.

Llovieron las preguntas sobre variedades, posturas, modos de conservar, las características del centro de procesamiento en camino, semillas, las producciones cooperadas. Sin embargo, muchos otros fueron los temas que puso Finca Marta, que pueden servir de pista para nuevos propósitos de los productores de Guanabacoa: las producciones cooperadas, el potencial del cultivo de maracuyá y su valor agregado, el tomate cherry y los secretos del romero, entre otros.

Se habló de la ventaja económica del procesamiento al agregar valor, que sirve para compensar lo que se vende en el mercado local.

Los habaneros se interesaron por la forma de administración, que se realiza mediante una junta, mientras que los aspectos técnicos los valores un equipo que decide los temas de semillas, de siembra, los contratos de producción cooperada. A la vez existen estructuras para la comercialización, la economía y el personal.

Foto: Raquel Sierra

Otras informaciones:

Merecen Orden Carlos J. Finlay investigadores y centros de La Habana