Los Leones de Industriales tienen linaje para mirar hacia la cima, pero todavía caminan a media ladera en la 65.ª Serie Nacional de Béisbol, con siete victorias e igual número de derrotas y esa incómoda sensación de que el equipo anunciado en los pronósticos aún no termina de aparecer sobre el terreno.
Terceros de la Zona Occidental, empatados en promedio de ganados y perdidos con los Cazadores de Artemisa (8-8), los capitalinos permanecen entre los cuatro conjuntos con boleto a la postemporada, aunque para una nómina que partió entre las favoritas ese puesto representa más un punto de apoyo que una razón para la complacencia.
No está en discusión su capacidad para avanzar a la siguiente instancia, sino la necesidad de que comiencen a jugar con mayor regularidad a la altura de sus posibilidades, porque la estirpe alimenta la confianza, pero son las victorias las que construyen una clasificación sin sobresaltos.
El ataque ofrece una primera explicación de esa marcha a medio paso, con promedio de .280, inferior a la media del campeonato y duodécimo entre los 16 participantes, una producción que no refleja todo el peligro que deberían llevar los bates azules a cada comparecencia.
Los 17 cuadrangulares y las 90 carreras anotadas, sexta cifra del torneo en este último apartado, confirman que hay pólvora en el arsenal, mientras las 89 bases por bolas recibidas, segunda mayor cantidad de la lid, revelan una paciencia que merece mejor recompensa cuando llega la oportunidad de vaciar las almohadillas.
Ahí aparece una deuda importante, pues el 23,91 por ciento de corredores remolcados en posición anotadora deja demasiadas promesas detenidas entre las bases y ayuda a entender por qué tanta amenaza no siempre termina convertida en una ventaja suficiente.
Sin embargo, ni esa ofensiva por debajo de sus posibilidades ni una defensa que exhibe un excelente promedio de .984, segundo del certamen, explican por sí solas las principales grietas de un equipo cuyo problema más profundo está en el montículo.
La efectividad colectiva de 5.56, séptima del campeonato, apenas permite distinguir la magnitud de una avería que se vuelve mucho más visible cuando la pelota pasa a manos de los relevistas y el partido entra en ese territorio donde cada lanzamiento puede sostener o derrumbar el trabajo de toda una tarde.
El relevo industrialista admite 8.53 carreras limpias por cada nueve entradas y presenta un índice de 2.03 bateadores embasados por episodio, registros antepenúltimos que convierten el último tercio de los encuentros en una travesía demasiado expuesta para un aspirante a discutir la corona.
A ese panorama se añaden las 5.92 bases por bolas concedidas por juego completo y el promedio rival de .344, indicadores ubicados en los puestos décimo y decimotercero, respectivamente, una combinación peligrosa porque regalar corredores y permitir imparables termina por multiplicar las rutas hacia el plato.
La reacción exige mayor oportunidad con hombres en posición anotadora, pero sobre todo un relevo capaz de lanzar con control, reducir el tránsito por las bases y defender las ventajas sin obligar a la ofensiva a comenzar de nuevo una batalla que parecía encaminada.
Todavía hay calendario para corregir el rumbo, aunque cada jornada consumida estrecha el margen de maniobra y aumenta las presiones, hasta convertir en decisivo aquel encuentro que hoy pudiera parecer apenas uno más en la cuenta.
Industriales tiene argumentos para clasificar y rango para aspirar a mucho más, pero el león necesita que su rugido encuentre respaldo en los últimos outs, porque la épica de este equipo no consiste solamente en levantarse después del golpe, sino también en aprender a cerrar la puerta cuando tiene la victoria dentro.