Anette Delgado: muchas mujeres en una sola

Para Anette Delgado, interpretar a “Giselle” no consistió solamente en dominar los movimientos. También significó enfrentar una dificultad personal: expresar sus sentimientos ante los demás
Anette Delgado en la escena de la locura, primer acto del ballet Giselle. Foto: Archivo del autor.

Para Anette Delgado, interpretar a “Giselle” no consistió solamente en dominar los movimientos. También significó enfrentar una dificultad personal: expresar sus sentimientos ante los demás. En una entrevista publicada en 2014, por Cubainformacion, la bailarina cubana se describió como introvertida y explicó que la dimensión interpretativa del personaje le había exigido un trabajo especial.

Cuesta conciliar aquella confesión con la mujer que vimos bailar el pasado fin de semana en la sala Avellaneda del Teatro Nacional. Sobre el escenario, su timidez parecía transformarse en un lenguaje capaz de alcanzar al público. No han sido pocas las veces que la hemos visto interpretar este y otros personajes, pero su reciente “Giselle” nos devolvió una pregunta: ¿cómo consigue habitar a tantas mujeres sin perder su esencia?

Su formación comenzó en la Escuela Provincial de Ballet Alejo Carpentier, en La Habana, y continuó en la Escuela Nacional de Ballet. En 1996 se incorporó al Ballet Nacional de Cuba; entre 1999 y 2001 integró el Joven Ballet de Francia, y en 2005 alcanzó el rango de primera bailarina de la compañía cubana. Tres décadas después de su ingreso, esa trayectoria permite comprender la experiencia que sostiene su presencia escénica, aunque las fechas no bastan para explicar lo que sucede cuando empieza a bailar.

El pasado domingo, lo que más nos conmovió fue su manera de contar la historia. En la muchacha enamorada reconocimos la confianza de quien todavía no sabe que puede ser traicionada. La ingenuidad no parecía impuesta al personaje: estaba en la mirada, en la espera, en la naturalidad con que deshojaba la margarita. Después, en la escena de la locura, aquella misma confianza se deshacía ante nuestros ojos.

Delgado nació en la Isla de la Juventud, pero su pasión fluye con la misma fuerza que el mar capitalino.
Foto: Ahmed Piñeiro Fernández.

Su interpretación nos hizo pensar en otras mujeres que han creído en una promesa y han descubierto, demasiado tarde, que no era cierta. Sin abandonar la historia de “Giselle”, Delgado nos acercó a la fuerza de su actuación, permitiendo que algo ajeno nos resultara cercano.

Para construirlo contó con la ayuda de Josefina Méndez y de la actriz Alina Rodríguez. Con ellas trabajó la expresión del rostro y del cuerpo. Debía comunicar sin palabras aquello que le costaba exteriorizar. Ese aprendizaje añade una dimensión humana a la intérprete. La emoción que llega al espectador también ha sido una conquista, el resultado de enfrentar sus propias dificultades.

En el segundo acto, nos impresionó especialmente su “quietud”. Después del dolor y la ruptura, su presencia adquiría otra delicadeza. Había fragilidad, pero no ausencia de voluntad. Incluso en los momentos más contenidos, la mirada y el gesto mantenían vivo el vínculo con quien la había traicionado. El personaje había cambiado; la historia seguía latiendo.

Al verla, regresaron también los recuerdos de sus actuaciones en “Don Quijote”, “El lago de los cisnes” y “La bella durmiente”. Personajes distintos, maneras diferentes de amar, desafiar o esperar. No todos reclaman la misma energía ni admiten idénticos gestos.

Por eso, más que comparar su vitalidad con la de las nuevas generaciones, interesa observar lo que la experiencia y la constancia han hecho con su interpretación. Percibimos a una artista que sabe cuándo sostener una mirada y dejar respirar un gesto, y que no pierde la quietud cuando un movimiento no sale como esperaba.

Los rangos, premios y años dan cuenta de una carrera. Lo que permanece en nuestra memoria pertenece a otro orden: la muchacha que confía, la mujer que descubre el engaño, la figura que vuelve al escenario transformada por la muerte. Al terminar la función, el nombre era el mismo, Anette Delgado, pero eran muchas las mujeres que habíamos visto habitarla.

Comente aquí

Este sitio realiza moderación de comentarios. Recuerde ser breve en su planteamiento

Más de Ramsés Valdés Hatman

Anette Delgado: muchas mujeres en una sola

Ir al contenido