Uno de los problemas más acuciantes a resolver por la Revolución luego del triunfo de 1959 fue la crítica situación que vivían la inmensa mayoría de los campesinos cubanos y sus familias.

A pesar que la economía de la Isla tenía como principales renglones la agricultura, el trabajador del campo era muy explotado y sus descendientes carecían de posibilidades de superación o de adquirir profesiones técnicas y carreras universitarias, muy cotizadas entonces, solo para familias de hacendados y oligarcas locales.

Alrededor del 85 % de los agricultores pagaban renta y eran víctimas de desalojos sin contemplaciones, y las mejores tierras cultivables, grandes extensiones estaban en poder de compañías y empresas extranjeras, y según estadísticas publicadas en la época, unas 200 000 familias campesinas no tenían ni un pedazo de tierra para sembrar, o eran de mala calidad para cultivar, mientras latifundistas mantenían, y hasta sin cultivar, unas 300 000 caballerías de tierras productivas, lo cual establecía profundas desigualdades y abusos.

En las zonas rurales era endémico el analfabetismo, la miseria y carencia de servicios básicos de Educación, Salud, y otras estructuras orientadas a Desarrollo Humano. Los hijos de ricos tenían acceso a escuelas, becas privadas bien financiadas, y a todo tipo de prestaciones para su calidad de vida, a diferencia de la mayoría de la población campesina.

Ante esa situación, la Revolución promulga la Primera Ley de Reforma Agraria, en 1959 que hizo realidad la entrega de tierra a quien la trabajaba, y la Segunda y definitiva ley de Reforma Agraria en 1963, consolidó el proceso, el cual fue acompañado de avances socio-culturales, deportivos y recreativos en las comunidades, y además se entregaron propiedades de tierras y de viviendas.

Igualmente, muchas adolescentes y jóvenes de lugares intrincados de los campos cubanos tuvieron posibilidad de becas en las ciudades, las Ana Betancourt fue uno de esos importantes proyectos para jóvenes campesinas, muchas de las cuales hoy son ciudadanas graduadas en la Casa de Altos Estudios.

El programa educacional se extendió a todas las provincias del país, se formaron médicos veterinarios, ingenieros agrónomos y otros profesionales o técnicos medios en diversas especialidades agropecuarias, y las familias lograron que sus hijos pudieran alcanzar niveles, antes inimaginables.

El objetivo esencial de nuestros campesinos organizados en la Asociación de Agricultores Pequeños, ANAP, que celebra su nuevo aniversario, este 17, (y en un contexto actual muy complejo, de bloqueo brutal y carencia de recursos esenciales por parte del gobierno de Estados Unidos que no cesa en su empeño de derrocar la Revolución que trajo consigo la dignificación de los campesinos, mujeres y pueblo cubano, antes subestimado y despreciado por centros de poder, similares a los que intentan hoy, desestabilizar y agredir a la nación caribeña), es seguir laborando con ahínco, iniciativas y creatividad en la seguridad alimentaria del país, y el desarrollo sostenible para bienestar del pueblo.

Las nuevas formas de gestión económica van calando también en poblados y localidades rurales a lo largo y ancho del territorio, siendo cada vez mayor la incorporación de las nuevas generaciones, más calificadas y aptas para nuevos empeños.

Y a pesar de los asedios, y las malas intenciones de la Casa Blanca contra este noble pueblo, los campesinos cubanos están empeñados en apoyar la alimentación de la población y también sus conquistas, esas que solo fueron posible de alcanzar en Revolución.

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