Hay silencios que pesan más que una derrota y dudas que crecen justo cuando un equipo ha hecho casi todo bien, como si la memoria del aficionado fuera frágil ante el ruido inmediato de un tropiezo.

Industriales llega a la recta final de la etapa clasificatoria de la IV Liga Élite del Béisbol Cubano con el zarpazo contenido, sacudido por una barrida en su propio feudo y por seis derrotas en los últimos diez partidos, pero todavía erguido como el conjunto más ganador.

Conviene mirar más allá del bache, porque ningún campeonato se atraviesa sin grietas y en esos tramos oscuros también se forjan los equipos que saben resistir cuando el viento cambia.

Fueron los primeros en asegurar su boleto a semifinales y aún conservan amplias opciones de concluir en la cima, un privilegio que no se sostiene con casualidades sino con un rendimiento sólido a lo largo del calendario.

Aunque comparten el average ofensivo más bajo del torneo (.300) con Holguín, su poder se mide en estruendos, situándose segundos en cuadrangulares (41) y extrabases (111), además de provocar respeto al punto de recibir 14 boletos intencionales (primeros).

Corren como pocos y fallan menos, con 23 bases robadas y apenas tres veces capturados (líderes), mientras su capacidad de remontar ha cambiado el pulso de los partidos en 50 ocasiones que hablan de carácter y sangre fría.

Desde el montículo imponen respeto, limitando a sus rivales a un promedio ofensivo de .260, muy por debajo de cualquiera de sus perseguidores, y sosteniendo el mejor promedio de carreras limpias del torneo con 4.53.

Son los que más ponchan (147), los que menos hits permiten y también los que menos jonrones reciben, con un WHIP de 1.43 que confirma la eficiencia de un staff que domina desde la apertura hasta el cierre.

Sus abridores marcan la pauta, sus relevistas la sostienen y sus cerradores la sellan, acumulando 14 salvamentos (primeros) en una maquinaria de pitcheo que ha sido columna vertebral del liderato.

Y si algo termina de blindar a estos Leones es su defensa, la más hermética del campeonato con apenas 28 errores y un average de .979 que convierte la mayoría de las jugadas en un acto de precisión.

Ahora les espera Artemisa en el 26 de Julio, territorio áspero donde los Cazadores defienden su casa con fiereza y pelean por la última plaza disponible hacia semifinales.

Industriales no elige rivales, lo ha repetido Guillermo Carmona, y aunque el boleto ya esté asegurado, cada juego cuenta para recuperar sensaciones, ajustar piezas y también para aspirar al privilegio de escoger primero los refuerzos para la siguiente instancia.

Puede haber descanso estratégico y movimientos calculados, pero este equipo no está hecho para administrar derrotas, sino para imponer su ritmo incluso cuando el calendario aprieta.

La historia no gana partidos, es cierto, pero pesa en los momentos decisivos, y el uniforme azul con letras góticas ha aprendido a crecer cuando muchos comienzan a dudar.

Por eso, más que preocupación, este es el momento de acompañar, porque los grandes equipos no se miden por la ausencia de caídas, sino por la forma en que se levantan.

Y si algo ha demostrado Industriales en esta Liga Élite es que, cuando llega la hora de rugir, el silencio se rompe y La Habana vuelve a escuchar a sus Leones. Nos vemos en el estadio.

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