Luego de casi dos años de espera, el Torneo Apertura de la 108 Liga Nacional de Fútbol –¡por fin!– dio inicio ayer sábado en ocho canchas de varias provincias del país, y su etapa clasificatoria deberá extenderse hasta el 14 de junio.
Seguramente, será una batalla campal entre 16 elencos que buscarán, en sus respectivas llaves clasificatorias, un boleto para llegar al Torneo Clausura. Las estrategias volverán a estar acordes a unos pocos partidos, tal vez demasiado pocos como para un certamen con un nombre tan largo y de cierto abolengo, esto último por lo de “Liga”.
Los jugadores –sobre todo, los más valiosos para su equipo–deberán ser muy precavidos, pues una lesión en entrenamiento o partido oficial, un resfriado o alguna otra dolencia pudiera hacerle decir adiós a la competencia hasta el próximo año, si otra poderosa causa no posterga la 109 Liga hasta…
En el congresillo técnico previo a este evento, José Yulier Herranz, jefe de competiciones de la Asociación de Fútbol de Cuba, señaló que el ajuste del calendario se hizo para “optimizar recursos sin sacrificar la competitividad”.
Y ante tan noble propósito no queda más que felicitar a los organizadores de este campeonato nacional y a quienes diseñaron un programa de competencia acorde a las circunstancias económicas de la nación.
Ellos, por enésima ocasión podrán decir “cumplimos”, y lo dirán con todo derecho, porque nadie puede poner en duda cuánto de esfuerzo, coordinaciones, análisis y horas de trabajo le dedicaron a su loable labor, en medio de un contexto donde resolver lo más simple suele ser una tarea para titanes.
Dicho esto, y volviendo a lo esencial, sería bueno que tanto especialistas como aficionados guarden en su memoria las circunstancias (más o menos similares a otras anteriores) en que volvió el fútbol nacional de primera categoría en su 108 edición.
Comprensiblemente, la afición –y no pocos colegas– emiten sus criterios y, a menudo, cuando los resultados son adversos en lides internacionales. Unos y otros suelen decir: “El cubano no sirve para el fútbol”, “¡quiten a ese DT!”, “perdieron porque no convocaron a…”, y una serie de juicios puntuales que reducen lo ocurrido en la cancha a los 90 minutos de juego, como si en el deporte los éxitos se gestaran en el efímero lapso de la competencia y no importara lo que se hace semanas, meses, incluso, años antes.
Tal vez sea aburrida la crítica de fútbol si no se habla directamente de fútbol, pero sería bueno argumentar, tras las derrotas en lides internacionales y en otros momentos desfavorables con opiniones más específicas, como: “tal futbolista no estuvo bien porque solo jugó un campeonato nacional de 12 partidos”, “Fulano no está motivado porque su equipo en la Liga perdió dos veces debido a la demora del transporte (o a que no llegó)”, “Mengano no quiso continuar con el equipo de su provincia porque con frecuencia se les demoraba el almuerzo”, y una larga cadena de explicaciones que se ajustarían con más precisión a las verdaderas causas de muchas derrotas y desmotivaciones ya vistas con anterioridad.
Si la mirada superficial a las deficiencias del fútbol cubano sigue apuntando a las lógicas deficiencias en un partido o un torneo, sin ir a las causas y a las soluciones de lo mucho que sí se puede solucionar, entonces seguirá condenado a la derrota o a esperar un milagro que le dé alguna alegría. Y, por cierto, hasta para merecer un milagro se requiere de buenas y eficientes acciones.
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