Los sacrificios en el arte nunca son en vano, siempre que existan las ganas de avanzar y la perseverancia para sostener el camino. En el ballet, esa máxima se vive con una intensidad aún mayor, donde cada entrega, hora de ensayo y renuncia personal se convierten en la base de un instante de magia sobre el escenario.

Decir Giselle es hablar de uno de los grandes vértices del ballet romántico. No se trata solo de un título célebre del siglo XIX, sino de una parte esencial del Ballet Nacional de Cuba. Casi una carta de presentación ante el mundo. Su historia, atmósfera y lirismo han exigido siempre intérpretes capaces de unir verdad dramática, pureza de estilo y una hondura emocional que no admite la superficialidad. Por eso cada debut en este rol despierta interés. Giselle no es solo un personaje, sino una prueba de madurez artística.

Como suele decirse, interpretarla para una bailarina es tan desafiante como representar a Hamlet para un actor. Y esa comparación no es exagerada: en ambos casos hay que sostener un universo interior complejo, sin perder la claridad de la forma. La solista del Ballet Nacional de Cuba (BNC) Alianed Moreno asumió ese reto a los 28 años.

Alianed Moreno durante la variación del primer acto. Foto: Marila Sarduy

La joven artemiseña se convirtió en la número 31 en interpretar a la noble campesina, dejando una huella en quienes han seguido su trayectoria. Su paso por el cuerpo de baile —ya fuera como cisne, campesina o en múltiples roles que forjaron su oficio— ha permitido apreciar su evolución artística. Carismática, gentil, reservada, laboriosa y comunicativa son los calificativos que, a mi juicio, mejor la definen.

Durante una entrevista concedida a este medio, a propósito de su debut en Giselle —el pasado mes de febrero—, la joven bailarina nos comenta su vida, los desafíos asumidos sobre el escenario y su mayor locura dentro y fuera del ballet: ser madre. Una locura —si se le puede llamar así— que no fue improvisada, sino largamente soñada.                                    

Aquella niña que tuvo su primer acercamiento al ballet a través de la televisión quedó fascinada y, rotundamente, le exclamó a su madre que deseaba ser bailarina. Tiempo después logró que la trajeran a la capital a un Festival Internacional de Ballet de La Habana Alicia Alonso. Coincidentemente, se trataba de la función de despedida de Julio Bocca. En aquella gala, el célebre bailarín argentino interpretó El lago de los cisnes junto a la primera bailarina cubana Anette Delgado en el Teatro Nacional de Cuba.

Julio Bocca, actual director del Teatro Colón de Buenos Aires, debutó (en octubre de 1986) y se retiró (en noviembre de 2006) en el rol protagónico de Sigfrido en El lago de los cisnes junto al Ballet Nacional de Cuba. En la imagen, durante un homenaje en 2024, junto a la primera bailarina Anette Delgado. Foto: Ernesto Mastrascusa. EFE

Desde entonces, todos los años la pequeña Alianed insistía a sus padres para que acudieran a la Escuela Elemental de Danza Alejo Carpentier, situada en L y 19, con el objetivo de averiguar cuándo "la niña" podía realizar la audición.

Sus padres decidieron adentrarse en un camino incierto —así lo define la entrevistada— para que sus hijas pudieran estudiar en La Habana. Dejaron atrás Artemisa, sus afectos. Primero vivieron alquilados. Luego, con el paso de los años, lograron mudarse definitivamente a la capital.

Entre quienes la acompañan desde la platea está su papá, con la mirada fija en cada uno de sus pasos sobre el escenario. Hoy, cuando ya es una bailarina profesional, su madre ocupa un lugar desde donde los sueños se vuelven eternos, ese espacio etéreo que reservamos para la presencia de quienes ya no están a nuestro lado, pero nunca dejan de iluminar.

De izquierda a derecha: María Luisa Márquez, Alianed Moreno, Chavela Riera y Anette Delgado, durante Foto: Tomada del BNC.

Desde pequeña, Alianed encuentra en su padre un sostén diario. Mientras en otros contextos a veces priman los mandatos de un rol de crianza más distante o aquel viejo esquema machista que aleja al hombre de las tareas del hogar, él ha asumido un papel fundamental en las vidas de las suyas. En la actualidad, con la misma entrega con la que una vez apoyó el sueño de sus hijas, se ha convertido en un pilar en la crianza de Alma, la bebé de Alianed, esa niña que llegó a sus vidas hace apenas unos meses para transformarlo todo.                                

¿Cuándo decidiste que ibas a ser mamá? ¿Cómo lo tomaron las personas que trabajan contigo?

"En mi casa, papá fue el primero que lo supo. Se preocupó por mi futuro, llegando a decirme que podía perder mi carrera. Y yo le dije que realmente esperaba contar con el apoyo de la familia y el de la compañía también para que eso no pasara, porque, al final, el ballet es casi tan importante para mí como la familia. Yo siempre he tenido el deseo de ser madre, aunque no sabía en qué momento específico iba a ser.

Acá en la compañía se ultimaban detalles para el Festival. El mismo día que le avisé a Viengsay Valdés —primera bailarina y directora de la compañía—, vino Svetlana Ballester, que en aquel momento todavía estaba de régisseur de nosotros, y me dijo: 'Te voy a poner a hacer el tercer movimiento de Tres Preludios en la gala inaugural, y también quiero que bailes el segundo movimiento de Celeste'. Por suerte, todo salió muy bien. Fue un riesgo, de alguna manera", asevera.

La bailarina relató que estuvo en el escenario hasta los tres meses y medio de embarazo. Terminó aquel festival bailando "de todo". En El lago de los cisnes se estrenó en la Danza Española y en el Pas de trois, además de bailar la Danza de los Cuatro Cisnes, que venía haciéndola desde hacía ya varios años.

Alianed en la Danza de los cuatro cisnes… ¿o eran cinco? Foto: Tomada del BNC.

Afirma que eran bailables muy exigentes desde la parte técnica y la resistencia, reconociendo que le daba miedo precisamente por su condición. Contó, además, con compañeros de baile como los primeros bailarines Dani Hernández y Yankiel Vázquez, quienes —según explica la bailarina— la cuidaron mucho en todo momento por precaución.

Alianed en el Pas de Trois del primer acto de El lago de los cines. Foto: Tomada del BNC.

                                        Vivir

Alianed es una joven de tez tan clara que se sonroja al recordar determinados aspectos o momentos de su vida. La entrevista —que la hicimos en el patio interior de la sede de la compañía— es amenizada por diversos fondos musicales y el ajetreo que caracteriza una mañana en la sede del conjunto danzario. Por un lado, se observa a los primeros bailarines Anette Delgado y Dani Hernández ensayando Don Quijote con la maître Linnet González; por otro, vemos llegar con una marcha pausada y una risa característica a la ex primera bailarina Sadaise Arencibia. En la segunda planta, los varones del cuerpo de baile se encuentran en el Salón Azul ensayando Sinfonía para 9 hombres con el primer bailarín de carácter Ernesto Díaz                              

                                        Danzar

Durante el proceso de gestación, Moreno no perdió esa disciplina que caracteriza a los artistas, el esfuerzo constante al que los padres fundadores de la escuela cubana de ballet hacían tanto hincapié. Estuvo asistiendo a sus clases matutinas hasta los siete meses de embarazo, e incluso recuerda con asombro cómo intentaba hacer los saltos, aunque pronto comprendió que debía limitarse a la barra y a otras partes de la clase que no resultaran tan arriesgadas.

Físicamente, Moreno se siente todavía en recuperación. Aclara que no le gusta usar la palabra Foto: bnal_photographer
La pasión por su arte la hizo regresar a los salones a los tres meses de haber dado a luz. Confesó que lloró intensamente el día antes de reincorporarse, por tener que separarse de Alma durante unas horas. Foto: Tomada de sus redes sociales
Alianed Moreno cumplirá una década en el Ballet Nacional de Cuba en septiembre de 2026. Foto: Frankd.ph

"Mi papá se queda todos los días con ella y se llevan excelente. Para él, tener una nieta es un tesoro. Vivimos también con mi esposo, que, al igual que yo, sigue trabajando", comentó.

                     Alianed Moreno ante la huella de Giselle

Fue en los últimos días del año, mientras aún celebraba la llegada del nuevo ciclo, cuando su teléfono recibió un mensaje que cambiaría sus próximos meses. Viengsay Valdés le escribió para felicitarla por el fin de año y, de paso, le comentó que deseaba prepararla para bailar Giselle junto a Yankiel Vázquez.

Inevitablemente, la duda de si sería capaz de enfrentar Giselle —"un ballet tan exigente en lo técnico como en lo artístico"— se adueñó de ella. Además, se trataba de su primer protagónico y llegaría apenas nueve meses después de haber dado a luz.

Giselle pertenece al campo, a la comunidad, a la alegría frágil de lo cotidiano. La entrevistada logró en buena medida esa sensación de cercanía. Su Giselle apareció con una energía convincente, delicadeza en la expresión y un impulso juvenil que le dio vida al personaje desde sus primeras apariciones.

Alianed Moreno y el cuerpo de baile en la escena de la locura del primer acto de Giselle. Foto: Marila Sarduy

Uno de sus méritos fue la claridad con que sostuvo las mímicas y la progresión emocional de la escena. No ofreció una figura plana, sino una muchacha que va entregándose al enamoramiento con verdadera inocencia. Esa verdad interna es esencial, porque el primer acto de este ballet también se sostiene en la credibilidad del mundo que rodea a la protagonista.

En la relación con Albrecht —interpretado por Yankiel Vázquez— se percibió una química escénica evidente. Vázquez salió a escena con los elementos claros, solvencia y un carisma que favoreció la credibilidad del enamoramiento. El vínculo entre ambos sostuvo la historia con naturalidad, y eso es esencial.

¿Quiénes te ensayaron para Giselle?

"La preparación fue muy intensa. Tuvimos sesiones de ensayos muy largas para poder lograrlo. Todo de la mano de Viengsay, quien me montó y ensayó la coreografía. Sadaise Arencibia también nos ensayó bastante, a mí y a Yankiel. Ellas dos son excelentes Giselles y lograron construir un personaje muy bonito en sus carreras.

Mi papá, al enterarse, se puso extremadamente contento, porque le encanta Giselle y siempre dijo que a mí me podría quedar bien Giselle, porque me ve como una muchacha muy suave. ¡Pero de que me pueda quedar bien Giselle a poder llegar a ser Giselle hay un buen tramo!", aseveró.

                                       La locura

El momento más esperado y delicado del primer acto es la escena de la locura. Allí la intérprete debe mostrar no solo un quiebre emocional, sino una progresión psicológica creíble. La desesperación no puede aparecer de golpe: tiene que construirse paso a paso, hasta que el cuerpo mismo se convierta en signo de la ruptura. Moreno resolvió ese pasaje con intensidad. Logró una locura verosímil, sin estridencias innecesarias.

Mientras los acordes anuncian que algo está ocurriendo y que lo peor está por venir, un bebé, desde la platea, ríe y balbucea. Es, quizás, un recordatorio para recordarle por qué debía entregarlo todo. Tenía que bailar para todos, pero también para Alma.

Sin embargo, hay un detalle que pocos desde la platea podrían advertir. Durante gran parte de ese tramo final del primer acto, la bailarina no pensaba en Giselle. Pensaba en su hija Alma, en Yankiel. En el abrazo final a Clotilde Peón —la maître que encarnaba a la madre de Giselle—, lo que Alianed veía era a su madre biológica. Una vez más, le tocaba despedirse, conocer la muerte y caer tendida en el suelo mientras, física y emocionalmente, se sentía destruida, devastada.

El telón se cerró. Detrás, todos corren para preparar el siguiente acto. Del otro lado, el público fascinado. Alianed, tendida en el suelo, llora.

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