Sus fotografías muestran reflejos y máscaras. En imágenes, la ciudad queda atrapada entre oquedades de las calles después de la lluvia; rostros emergen de las cortezas de los árboles. Su lente explora temáticas, captura momentos espontáneos, escenas construidas. La naturaleza y el cuerpo convergen en una misma narrativa visual: el arte de capturar lo invisible.
Con más de sesenta exposiciones personales y colectivas en Cuba, México y Estados Unidos, la obra de María Elena Sablón Ochoa destaca por el sentido de la experimentación y la sensibilidad. Fotógrafa, poeta, narradora y promotora cultural descubrió su vocación hacia las artes tras dedicar 25 años de su vida al magisterio en Holguín, su provincia natal.
A los 16 años empezó su labor como maestra de primaria. Motivada por el llamado de cubrir las aulas, llevaba a la par el estudio y el trabajo. Luego recibió formación como profesora de Secundaria Básica, la cual ejerció por más de dos décadas. En 1997 recibió la Medalla Rafael María de Mendive, otorgada por el Sindicato de la Educación.
Mientras trabajaba en la Escuela de Oficios comenzó a descubrir su afición por el arte que, por situaciones personales, no había tenido oportunidad de desarrollar. En el último año que dedicó a la pedagogía recibió una propuesta que, sin saberlo, cambió el rumbo de su vida: trabajar como directora de la Casa de Cultura del municipio de Báguanos.
Allí empezó a interactuar con artistas aficionados y a conocer los caminos del arte desde los diferentes espacios donde surge. Mi barrio se divierte fue su primer proyecto comunitario, el cual contaba con un cine debate y una biblioteca.
María Elena recolectaba libros y promovía la lectura entre sus vecinos, sacaba el televisor para el patio de su casa y moderaba debates sobre películas con especialistas invitados. Su habitación funcionaba muchas veces como camerino para los artistas de la localidad. Su azotea se convirtió en escenario improvisado para los espectáculos de la compañía.
En esa etapa de creación desde el barrio, dirigió un coro conformado por 28 niños, trabajó con más de 30 artistas, entre magos, malabaristas, músicos y bailarines. El folclor y las danzas típicas encontraron un espacio en su proyecto con agrupaciones infantiles y para adultos.
Con el proyecto Renovación de la flor logró rescatar las tradiciones de la danza gagá en el municipio. Por ello fue merecedora del Premio Municipal de Cultura Comunitaria a la obra integral de un artista en la comunidad, otorgado por la Dirección Municipal de Cultura de Báguanos, Holguín, en 2002.
En esa fecha, una situación familiar la llevó a mudarse a la capital y a permanecer alejada de la promoción cultural hasta que, dos años después, se reincorporó como jefa del departamento de actividades de Cultura de La Habana Vieja. Entonces no imaginaba toda la trayectoria que le esperaba en la fotografía. Por cierto, primero llegó su pasión por la literatura.
“Participé en muchos talleres literarios y concursos. Empecé a escribir, primero un libro infantil dedicado a mi nieta, titulado Poemas verdes para Marian, que publicamos con Ediciones Extramuros en 2010 y tuvo una buena acogida. Después escribí poemas para antologías. Fue una etapa muy rica de mi carrera en cuanto a la inspiración”.
Así resume la autora su colaboración en las antologías Espacio mínimo (2008), con selección y prólogo de Ramón Elías Laffita, y Cuentos para muñecas (2015), una compilación de Magaly Sánchez. En ese camino escribió poemarios para jóvenes, novelas y cuentos.
Obtuvo Primer Premio en Poesía y Narrativa Infantil en el Encuentro Municipal de Talleres Literarios para Adultos de La Habana Vieja, en 2013 y 2014; Primer Premio en el Concurso de Poesía Juan Francisco Manzano y Gran Premio en el Concurso Literario Ciudad Poesía II Edición, en 2015.
Hablando de letras también destaca su labor como jurado en certámenes literarios y artísticos como el Festival el Adulto Mayor en el género Teatro, en La Habana Vieja (2013); Concurso Nacional de Literatura Infantil La flauta de chocolate (2015); Concurso de Poesía Juan Francisco Manzano, en La Habana Vieja (2016); Concurso Literario Ciudad Poesía en su tercera edición, y el Concurso Literario y de Arte Erótico Farraluque, en La Habana del Este, en 2017.
“Mi pasión por la fotografía surgió en una etapa en que me encontraba un poco deprimida. Salía cabizbaja a la calle, con mi cámara en las manos, buscando imágenes interesantes y comencé a mirar reflejos de paisajes en los charcos de agua que se acumulan en las calles y aceras después de la lluvia.
“Un día me detuve a observar un charco muy grande frente al Capitolio. Vi atrapada en ese reflejo a una parte de la ciudad. A partir de esa imagen escribí un poema. A la mañana siguiente, cuando volvió a llover, salí otra vez a buscar más imágenes, entendiendo el agua como un espejo que recibe luces y sombras, refleja paisajes y cuando se escurre desaparecen esas visiones. Eso era lo más interesante: lo efímero de los reflejos”.

Cuando la curiosidad alimenta una idea María Elena acostumbra a escuchar esas inquietudes. Mostró sus primeras fotos a un profesor que la motivó a seguir haciendo sesiones. Estudió Fotografía artística durante un año y matriculó en la Casa del Fotógrafo Cabrales-del Valle, donde recibió los cursos de Composición, Técnica fotográfica, Apreciación, Géneros y Estilos, Iluminación e Historia del Arte.
Mirar el suelo que pisas (2016), en la galería Mariano Rodríguez de La Habana del Este, fue su primera exposición fotográfica. De ahí surgieron nuevos proyectos: Naufragio, Salvo conducto, Sin espacios en blanco y Dos caminos, en 2016, muestras en instituciones como el Hogar Materno Infantil Leonor Pérez en La Habana Vieja, la librería Alma Mater de la Universidad de La Habana y el Centro de Promoción Literaria de la capital.
“Los concursos y premios me animaron a continuar haciendo fotos en diferentes géneros. Después cuando descubrí que otros fotógrafos trabajaban con técnicas similares sobre los reflejos, quise experimentar con diferentes estilos.
“Mientras caminaba por un parque observé el tronco de un árbol que formaba una figura similar a un rostro y le hice una foto. En ese momento me di cuenta de que podía ver figuras interesantes como gárgolas o máscaras en las cortezas de los árboles. Estoy feliz con ese proyecto que me llevó a México y a las Romerías de Mayo en 2018”.
Con su labor como fotógrafa, ha recibido el Primer Premio en el concurso Jóvenes en el Lente, otorgado por la UNICEF y Primer lugar en el Salón del Cuerpo III edición, convocado por la Fototeca de Cuba. En este sentido, resalta su participación en las más recientes ediciones del Concurso Internacional de Fotografía Caleidoscopio, promovido por la Universidad Nacional Autónoma de México.
Su muestra personal Yo te amo ciudad y te conjuro, quedó inaugurada en 2021, en la librería Alma Mater. Además su obra fotográfica aparece destacada en el libro La Habana, ciudad azul. Metrópolis cubana, de Ediciones Extramuros, 2015.
Orgullosa de sus raíces, María Elena reconoce a La Habana como su hogar, esa ciudad que la inspira y no deja de sorprenderla. En la cotidianidad aún busca reflejos en el suelo que pisa, máscaras en los árboles y poesía en las pequeñas cosas. Entre la literatura y la fotografía trabaja en una obra en permanente construcción que encuentra los cimientos en su familia.
Como parte de sus proyectos recientes, el 6 de junio de 2025 participó en una exposición colectiva de fotografía junto a su hija y su nieta, con la Casa del Fotógrafo Cabrales-del Valle. En esta ocasión, la temática fue Arquitectura y medio ambiente en el entorno de la ciudad.

“Esa ha sido una de las experiencias que no soñé y me trajo mucha felicidad. También uno de los más grandes regalos que he recibido en la literatura fue competir en noviembre de 2025 junto a mi nieta en el concurso nacional Habana, Ciudad Poesía, que ella obtuviera el primer lugar y yo el segundo. Eso me demostró que han servido las enseñanzas que le he dado.
“En la literatura mi fuente de inspiración es mi nieta, indudablemente. Lo primero que hice fue dedicado a ella y gracias a eso descubrí que podía hacer literatura infantil. Compartíamos mucho tiempo juntas, conversábamos y me trasladaba a ser una niña otra vez a través de su infancia. Ella me motivó a empezar a escribir. Mi fuente de inspiración más grande es mi familia: mis hijos, mis nietos, mi esposo, mi yerno. Recibo el apoyo de todos y formamos un gran equipo. Sin ellos no hubiera podido lograr nada”.
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