Este 18 de febrero, la cultura cubana vive una jornada de profundo simbolismo al conmemorarse dos hechos fundamentales que unen el origen de la nación con la espiritualidad de su pueblo. Por una parte, se celebra el Día del Instructor de Arte, instituido en homenaje a Olga Alonso, nacida un día como hoy de 1945.

Foto: Roberto Morales Ojeda/ facebook

Esta joven habanera, graduada como instructora de teatro, se convirtió en el paradigma de los llamados "médicos del alma", aquellos que con su sensibilidad y entrega llevaron el arte a los rincones más intrincados del país.

Su legado, truncado por un accidente en 1964 mientras cumplía su misión en las montañas del Escambray, perdura en la obra de las miles de instructoras e instructores que hoy continúan sembrando valores y belleza en cada comunidad cubana.

La fecha también está marcada por el natalicio, en 1818, de Pedro "Perucho" Figueredo, el patriota bayamés que supo poner su talento musical y literario al servicio de la causa independentista.

A él debemos la creación de "La Bayamesa", la marcha guerrera que, con el tiempo, se convertiría en nuestro Himno Nacional. Las estrofas que escribió sobre su caballo en el Bayamo liberado el 20 de octubre de 1868 resumen el anhelo de soberanía de todo un pueblo: "Que morir por la patria es vivir" . Este verso, encerrado en la música que compuso Figueredo, no es solo un canto, sino la bandera de una nación que ha encontrado en la cultura y en la defensa de su identidad la razón más profunda para existir.

Así, en este 18 de febrero, confluyen la fuerza lírica del himno que nos identifica como cubanos y la ternura revolucionaria de quien dedicó su vida a enseñar arte. El Día del Instructor de Arte es, por tanto, la reafirmación de que la cultura es un derecho y una trinchera.

(Tomado del perfil de facebook de Roberto Morales Ojeda)

Otras informaciones:

Gala cultural Vive México volverá a escena en La Habana