Conversar con el joven trompetista Maiquel González González es un desafío. Agradecido e inteligente supo encausar su vida profesional a través de uno de los instrumentos donde se destacan importantes músicos cubanos. Algo así como “bailar en casa del trompo”. Por estos días participa en el Festival Varadero Josone 2024.
-¿Desde cuándo te sentiste atraído por la música?

-Desde muy pequeño, porque mi padre era apasionado de la música, y mi abuelo era repentista y tocaba el tres. Digo porque mi padre siempre me inculco su pasión por la música y preguntaba qué instrumento me gustaría aprender a tocar. Tal vez, espero que me inclinara hacia las cuerdas; pero llegué a la trompeta un poco al azar. Incluso, dudaba entre el saxofón y la trompeta.

“Imagina que vivía mi infancia en un pueblo de campo, cerca de Artemisa donde no había ningún saxofonista y músicos profesionales uno o dos: un vecino que tocaba trompeta. Pasé por su casa y le pregunte si me dejaba tocar, me dejó, sonó bien y como no tenía edad para escuela de música, comencé a recibir clases particulares durante un año, hasta que pude empezar oficialmente a estudiar”.

-¿Cuáles músicos han influenciado en tu trabajo, tanto nacional como internacional?

-Bueno en general hay varios músicos; pero en la trompeta Roberto García, aunque es una pregunta difícil, ha sido mi favorito y por azar de la vida hemos coincidido y hemos trabajado juntos. Él ha trabajado con el Grupo Mezcla y fue director musical de la reconocida agrupación Afrocuba, hace años. Creo que, en general, me siento atraído por los pianistas. Poseen una sensibilidad especial para componer y es importante asimilar todo esto. Entre ellos sigo el trabajo de Chucho Valdés, Hernán López Nussa, y estoy seguro que me ha marcado mucho tocar con buenos pianistas.

-¿Qué técnicas utilizas y cuál es el teme central de tu obra?

-Sin lugar a dudas, el tema central de mi trabajo es la cubanía, pero la cubanía no desde el cliché; es muy difícil porque la tendencia está en cómo retomar lo que ya está hecho y eso resulta muy refrescante para el público.

“Es difícil tratar de zafarse de esa influencia. En realidad es muy difícil y hacer algo nuevo que no contradiga lo ya se ha hecho, es un trabajo bastante difícil; pero ha sido una meta en mi carrera, tomando de todos sin parecerme a otros, aunque no sea tan virtuoso pero que sea tuyo. Y me ha pasado, al cabo de años, que me han dicho: Debiste grabar esto hace mucho tiempo porque tiene un sonido específico.

-¿Crees que hay relación entre la música y otros géneros artísticos?

-Considero que sí, al final la necesidad de expresar está presente en todas las artes, sin eso el arte no es arte. En las últimas décadas la música ha tomado un camino muy comercial y siento que carece un poco de eso, no quiero desechar ningún género, pero el jazz, la música de conciertos y la música folclórica de cualquier país tiene mucho que ver. Sucede como en la pintura: eso de romper un lienzo para crear de nuevo; incluso hay pintores que pintan con música. Pienso que hay una gran relación entre la música y la pintura.

-¿Qué piensas del rock?

-A través del tiempo, cuando muy joven lo desechaba, me parecía con una base muy sencilla, pero con el tiempo he aprendido a respetarlo, y reconozco su valor, quisiera consumir más rock and rock y hay mucha sonoridad, me gustan agrupaciones como Scorpion, Pink floid. Tuve la suerte de conocer a Dean Mar y, casualmente, dos años antes de conocerlo tuve la posibilidad de encontrarme con su música.

-¿El jazz es tu plato fuerte. ¿Qué te aporta estar con Hernán López Nussa para tu quehacer musical?

-Bueno, yo soy de una generación que trato de recrear el jazz cubano, norteamericano, el latín jazz, la música española. He consumido mucho jazz pero trato siempre hacerlo bajo una base técnica, desde la cual me he enriquecido. Hernán es una escuela perenne y también es un orgullo tocar con su grupo.

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