La Revolución Cubana es, ante todo, el pueblo mismo; no es una reliquia estática ni un discurso vacío, sino la fuerza viva de una nación que decidió forjar su propio destino. Desde su génesis, su brújula ha estado invariablemente orientada hacia la atención de las necesidades de las mayorías, y en cada victoria, por modesta que parezca, ha estado impresa la huella de ese compromiso. Su existencia misma es una obra colectiva que ha resistido tempestades y adversidades precisamente porque su centro siempre ha sido el ser humano, la justicia social y la dignidad de quienes nada tenían, convirtiendo la utopía en un horizonte tangible y cotidiano.
Esa esencia no se negocia ni se desdibuja; y así seguirá siendo porque el pueblo es el único motor y destinatario de esta epopeya. Precisamente por ellos, por las mayorías que han puesto su fe y su esfuerzo en este proyecto, estamos y estaremos en constante movimiento para realizar las transformaciones que la realidad exige. No se trata de claudicar ni de perder el rumbo, sino de perfeccionar, ajustar y renovar todo lo que haga falta con la misma brújula de siempre: el bienestar colectivo, es hacer letra viva el concepto fidelista de Revolución.
Cada cambio, cada rectificación, cada nueva política tendrá como único norte al pueblo, porque la Revolución no es un fin en sí misma, sino el camino para hacer realidad los sueños de quienes la construyen día a día.
(Tomado del perfil en Facebook de Roberto Morales Ojeda)
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