Tal como lo ha argumentado hoy nuestro Canciller Bruno Rodríguez Parrilla, desde 2017, la política de Estados Unidos contra Cuba ha girado en torno a una estrategia de asfixia deliberada: los memorandos presidenciales han convertido el acoso financiero y comercial en el eje central del bloqueo.

A eso se sumó la reinclusión de la Isla en la espuria lista de países patrocinadores del terrorismo, primero en enero de 2021 y nuevamente en enero de 2025.

Las consecuencias son concretas:

• 2023, una firma europea frenó la venta de repuestos para turbinas de generación eléctrica pese a que Cuba ya contaba con el financiamiento, solo por temor a sanciones de Washington.

• En 2025, otra compañía de un país aliado se negó a brindar la asistencia técnica necesaria para activar una pieza clave de la termoeléctrica de Cienfuegos, argumentando que el equipo contenía más de un 10% de componentes estadounidenses.

• El cerco energético se endureció aún más con la Orden Ejecutiva 14380, firmada el 29 de enero de 2026, que autoriza aranceles punitivos contra cualquier país que, directa o indirectamente, suministre petróleo a Cuba. Antes de esta medida, los buques tanqueros que transportaban combustible a la isla ya sufrían intimidaciones.

A todo ello se agrega el rechazo sistemático de la banca internacional: más de 40 entidades financieras extranjeras han declinado operar con Cuba, bloqueando al menos 140 transferencias bancarias, muchas de ellas destinadas a pagar tecnología solar o eólica. Es la consecuencia directa de una guerra económica atroz, ejecutada con pleno conocimiento del daño que inflige a la población.

(Tomado del Facebook de Roberto Morales Ojeda)

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