El Día Internacional de la Infancia se conmemora el 1ro de Junio, luego de ser instituida esa fecha por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1956, con el propósito noble, solidario y humano de consagrar la fraternidad y la comprensión entre los niños y las niñas del mundo entero.
Han transcurrido varias décadas desde su implementación, y lamentablemente, no todos los niños en el planeta tienen oportunidades y posibilidades de interactuar de manera armónica y sustentando, además, los derechos de la infancia validados en los postulados de la ONU, a través de su agencia, UNICEF. Esta se dedica a defender y proteger derechos de los niños y niñas del mundo, fundamentalmente aquellos más vulnerables y desfavorecidos, por contextos de crisis, pandemias, desigualdades socio-económicas, ante falta de voluntad política de algunos gobiernos, conflictos, guerras, y bloqueos.
En Cuba, antes del triunfo revolucionario de 1959, miles de infantes cubanos apenas alcanzaban el tercer y cuarto grados, primario, y eran víctimas de especuladores, usureros que los ponían a trabajar tempranamente de manera engañosa para explotar esa fuerza barata, y generalmente condicionada a la necesidad de ayudar a sus familias pobres en áreas rurales, donde era muy precaria la vida, educación y servicios de Salud.
De ahí que una de las prioridades del nuevo proyecto emancipador, luego de la derrota de la sangrienta dictadura batistiana, fue trabajar por los derechos de la infancia en la Isla, y particularmente por su desarrollo intelectual, proyecto de alfabetización, incorporación a becas y nuevos centros educativos que permitiesen continuidad de estudios y aspirar a la Casa de Altos Estudios, anhelos imposibles para los hijos de obreros y campesinos, y privilegios exclusivos para los hijos de la entonces burguesía y oligarquías de turno.
Se fueron aprobando leyes,códigos y disposiciones a favor de la niñez, también de la adolescencia y juventud en la Isla, hoy vigentes y fortalecidas con referéndums nacionales. Y también se crearon estructuras sociales y civiles para atender este importante segmento de población.
Sin embargo, a pesar de la voluntad política del Gobierno Cubano, factores externos han incidido de manera brutal en el desarrollo fluido de la atención y derechos del niño. Suman más de seis décadas de criminal bloqueo económico, comercial y financiero de Washington contra la nación caribeña, y esa ignominia tiene profunda repercusión también en la vida de la infancia cubana.
Los científicos junto al sistema de Salud de la Isla, aun en las complejas condiciones de asedio han sostenido la masiva vacunación de todos los bebes y niños, protegiéndolos de múltiples enfermedades, todavía presentes en otras latitudes, ejemplo, contra el tétano, poliomielitis, tosferina, difteria, Covid, entre otras y diversas dosis que se aplican según edades.
Cuba, aun bloqueada de manera genocida con un recrudecimiento hasta límites de barbarie (al no permitirle incluso, acceso a combustible y otros recursos básicos), fue el primer país en inmunizar a su población pediátrica vacunable, antiCovid, hito no solo para la Mayor de las Antillas, sino para la humanidad.
Actualmente los niños cubanos han logrado asimilar la campaña de vacunación, como si fuese su segunda campaña de alfabetización, es parte de la educación sanitaria orientada a reducir enfermedades prevenibles.
Lo que es inadmisible y muy repudiado por la familia cubana es que el abominable bloqueo limite también a sus niños de accesos a recursos elementales para su proceso educativo, atención en hospitales y policlínicos, programas alimentarios y transportación esencial para su vida armónica en la sociedad. A ellos se suman las amenazas de agresiones a la nación caribeña por parte de la Casa Blanca en complacencia a grupúsculos miamenses muy lucrativos que durante muchos años viven del negocio contra Cuba, sin importarles en lo más mínimo el daño que ocasionan a la población infantil de la Isla, la más vulnerable.
Y aun en ese difícil escenario, los niños y niñas cubanos van a sus escuelas, cursan todos los niveles de enseñanza, participan en centros de enseñanza cultural, artística, deportivos, van a las playas del litoral caribeño cubano, y juegan sin temor a represiones y violencia policial o delictiva, en parques y calles de sus localidades. En sus rostros muestran sus anhelos y sueños, y también demandan con su inocencia que acabe ese vil cerco contra su país, el cual tiene record de degradación moral para los Estados Unidos, con un gobierno irracional, no pragmático, poco interesado en el sentir de la inmensa mayoría de los ciudadanos estadounidenses, y penosamente muy influenciado y hasta secuestrado, por entes traumados, frustrados e intoxicados de odio que radican, generalmente, en el sur de la Florida, lo que muestra un contraste muy inmenso con el pueblo noble, solidario y hospitalario de Cuba, que no odia, ni agrede a nadie.
Los niños cubanos tienen derecho a vivir en paz, educación, cultura, salud, seguridad y bienestar. No a los bloqueos, balas silenciosas, pero asesinas, que también matan lo más preciado de los pueblos, sus niños.
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