Los niños en Cuba desde que nacen llevan sobre sus hombros, junto a sus familias, el peso cruel del bloqueo genocida de Estados Unidos que tiene record de vileza, más de 65 años con un recrudecimiento sin precedentes en la historia de la humanidad.
Sin embargo, desde sus primeros años de vida reciben sus correspondientes vacunas y atención por médicos especializados en sus comunidades, aun en el actual contexto de asfixia instrumentada por Washington al privar a su país de la entrada de recursos básicos para hospitales. Ello agrava de manera significativa la situación de infantes con padecimientos de cáncer y otras enfermedades que precisan de aplicación de técnicas y medicamentos de última generación y de procedencia internacional, muy inaccesible para los cubanos por limitaciones impuestas por el asedio que penaliza a múltiples empresas y compañías que comercien con la Isla.

Y aun en la compleja situación causada por el infame bloqueo (que obstaculiza hasta que entre combustible a la nación caribeña, hecho que priva de la vida a millones de cubanos ante las carencias que esa política antihumana provoca), ni un niño cubano ha quedado sin escuela, sin servicios médicos, culturales, deportivos, y seguridad social, pues es prioridad del Estado con leyes que protegen a la infancia, adolescencia y juventud, su atención.
La cruzada anticubana muestra el desprecio por la vida humana del gobierno de Estados Unidos de América por complacer a una mafia extremista, odiadora y frustrada radicada en Miami, cuna lucrativa y corrupta de la contrarrevolución, al vivir por décadas de ese negocio. Esos grupúsculos fomentan acciones terroristas, campañas de mentiras y desinformación contra la realidad cubana, al tiempo que apoyan en contra de sus propias familias, vecinos y barrios de origen, agresiones fascistas y genocidas contra la Patria que es sagrada para los cubanos dignos y de bien.
Los niños cubanos tienen el mismo derecho que los estadounidenses de vivir en paz, sin amenazas ni cercos ignominiosos que apostan a la destrucción y muerte.
¡Vivan los niños cubanos y todo el noble pueblo de la Mayor de las Antillas!

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