Las nuevas medidas de Estados Unidos contra Cuba no son una simple presión política: son un acto criminal de guerra. Al amenazar con represalias arancelarias a cualquier país, empresa o naviera que exporte combustible a la isla, Washington impone un bloqueo energético absoluto, diseñado para rendir por hambre y enfermedad a un pueblo entero.
Este cerco, que recuerda los bloqueos navales tipificados en el derecho internacional como actos de guerra, busca asfixiar cada aspecto de la vida cotidiana: detener el transporte, colapsar los servicios médicos, condenar a niños, ancianos y enfermos a una desesperanza inducida. No es una sanción más; es un cerco deliberado a la supervivencia.
Además, su alcance extraterritorial constituye una violación frontal a la soberanía de todas las naciones. Pretender prohibirle a Cuba importar combustible de cualquier rincón del mundo es un acto de intimidación universal que ningún Estado debería tolerar.
El daño que estas medidas sumarán a más de seis décadas de bloqueo es incalculable: cada gota de combustible perseguida se multiplica en vidas rotas, servicios recortados y familias cubanas empujadas al límite.
Sin embargo, el pueblo de Cuba resiste. Con creatividad, firmeza y una decisión inquebrantable, responde cada día en sus calles y plazas. Producimos y refinamos cerca de la mitad del crudo que consumimos. Y seguiremos adelante, aunque el criminal propósito del imperio sea vernos rendidos.
(Tomado del Facebook de Roberto Morales Ojeda)
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