El espacio de talleres de la quinta edición del Coloquio Patria acogió la conferencia El humor (político) en tiempos de tragedia, guiada por Mirko Casale, director del programa ¡Ahí les va! de la televisora internacional Russia Today. En este espacio compartió la experiencia acumulada durante años al frente de un proyecto que combina periodismo, sátira y narrativa audiovisual para abordar algunos de los temas más tensos de la agenda internacional.
Lejos de ser un fenómeno reciente ligado a las redes sociales, el humor político acompaña a la vida pública desde hace siglos. Casale recordó el origen de la palabra pasquín, vinculada a la estatua de Pasquino en la antigua Roma, donde aparecían textos satíricos contra figuras del poder.
La anécdota ilustra una idea central: la crítica humorística al poder es casi tan vieja como la propia política.
También evocó la reivindicación del “bufón” hecha por Dario Fo, quien defendía esa figura como alguien capaz de decir verdades frente al poder eclesiástico o monárquico. Para Casale, el humorista político hereda parte de ese rol histórico: incomodar, desnudar contradicciones y señalar absurdos.
Uno de los prejuicios más extendidos es que el humor le resta seriedad a los asuntos públicos. Casale sostiene lo contrario.
Según explicó, la clave no está en el tono sino en la solidez del contenido. Una información rigurosa no pierde valor por presentarse con ironía, del mismo modo que un discurso solemne no gana credibilidad solo por parecer formal.
Desde esa lógica, Ahí les va trabaja con verificación de datos, contraste de fuentes y uso de información abierta. La apuesta consiste en envolver contenidos complejos en formatos accesibles sin sacrificar precisión.
“El humor es algo muy serio”, resumió.
El programa parte de la idea de que no existe una audiencia homogénea. Casale distingue al menos tres grupos. El primero está formado por quienes ya comparten una mirada crítica similar. Para ellos, el objetivo es ofrecer argumentos y recursos comunicativos. El segundo reúne a personas indecisas o poco definidas ideológicamente. En ese caso, la función del humor es abrir preguntas, sembrar dudas razonables y romper relatos demasiado cerrados. El tercero incluye a públicos abiertamente hostiles. Frente a ellos, la estrategia no es convencer por simpatía, sino construir lo que Casale llama un “muro argumentativo”: datos verificables, comparaciones sólidas y evidencias difíciles de refutar.
La meta no siempre es convertir al adversario, sino dejar en evidencia que la discusión necesita argumentos y no solo etiquetas.

Para la sátira política, pocas materias primas son tan fértiles como la incoherencia. Casale señaló que cuando una institución o dirigente mantiene una línea coherente, incluso si resulta cuestionable, ofrece menos material humorístico que cuando predica una cosa y practica otra.
Los dobles raseros en política internacional, la selectividad moral o los cambios de criterio según conveniencia son, en ese sentido, terreno fértil para el humor. La risa surge cuando el poder se contradice a sí mismo.
No hace falta insultar al personaje. Basta con mostrar lo que dijo o hizo y dejar que el público complete el resto.
Una de las claves narrativas de Ahí les va consiste en reutilizar formatos familiares para el público y darles un giro político.
Así nacen segmentos que imitan noticieros, clubes de comedia, ceremonias de premios o programas televisivos tradicionales, pero puestos al servicio de la crítica geopolítica.
El mecanismo tiene una ventaja doble. Por un lado, el espectador reconoce rápidamente el código y entra en la historia sin esfuerzo. Por otro, el contraste entre forma conocida y contenido inesperado potencia el efecto humorístico.
Aunque circula en redes sociales, Casale insiste en que muchas reglas actuales no nacieron con internet. Captar la atención desde el inicio, sostener ritmo narrativo y cerrar con fuerza pertenecen a la dramaturgia clásica.
Por eso sus guiones privilegian arranques contundentes, remates memorables y una alternancia constante entre información y comentario. La estructura combina datos duros con líneas breves de humor que alivian la densidad del contenido y mantienen el interés.
En tiempos de consumo acelerado, contar bien importa tanto como tener razón.
Durante la conferencia también abordó el uso de la inteligencia artificial en la creación de canciones para el programa. La herramienta les permitió musicalizar letras escritas por el equipo y producir piezas virales con costos mínimos.
Pero advirtió contra dos extremos: celebrar la tecnología sin reservas o rechazarla por principio. Como cualquier recurso, dijo, depende del uso que se le dé.
La IA puede ampliar posibilidades creativas, aunque todavía arrastra debates legales sobre autoría, derechos y originalidad.
Quizá la reflexión más profunda de la charla estuvo en los límites del humor frente al dolor. Casale reconoció que no todo tema puede abordarse desde la risa y que hay tragedias que exigen otro registro. Recordó, por ejemplo, un video dedicado a niños asesinados en Gaza, concebido desde la emoción y no desde la sátira.
Aun así, defendió el valor terapéutico del humor en contextos difíciles. Reír no significa desentenderse. Puede ser una forma de procesar el horror, evitar la parálisis y recuperar capacidad de acción.
En esa tensión entre tragedia y carcajada se mueve buena parte del humor político contemporáneo. No busca negar la gravedad del mundo, sino hacerlo respirable sin dejar de mirarlo de frente.
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