Productos de la deshidratación del mango y de la utilización de la cáscara del café en bebidas y alimentos, son resultados del Proyecto de fortalecimiento de la capacidad de la agroindustria local para el mejoramiento de las cadenas de valor alimentarias (Cafruvalor).

El proyecto, una iniciativa conjunta entre la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) y los institutos de investigaciones en Fruticultura Tropical y Agroforestales (INAF), se propuso fortalecer la capacidad de los actores que constituyen la agroindustria local para mejorar las cadenas de valor alimentarias (CVA) de productos agrícolas locales y en las áreas: Cumanayagua, en la centrosureña provincia de Cienfuegos, y la Sierra de Guamuhaya, en Villa Clara.

Foto: Raquel Sierra

El proyecto "ha tenido para nosotros un un reto eh importante en el empeño los residuos en productos de alto valor agregado", dijo el director del Instituto de Investigaciones Agroforestales, quien mencionó entre los retos el tiempo y los recursos limitados y destacó el  importante  impulso dado por la JICA.

El objetivo superior era mejorar el valor añadido de dos productos agrícolas mediante el fortalecimiento de sus cadenas de valor, explicó Masafumi Ikeno, del equipo de JICA.

Entre los resultados esperados se incluyeron al análisis y diagnóstico de la situación actual de la agroindustrializción y de la demanda, identificación d ellas acciones para el fortalecimiento de las CVA de los productos agrícolas locales, propuesta de proyectos piloto, su implementación y difusión de sus experiencias, agregó Ikeno.

Nuria Diela Díaz Torres, de la Empresa Citrícola Arimao, explicó la.experiencia de aprovechar el mango en un producto innovador, los rollitos de mango deshidratado a partir de utiliza frutas maduras para obtener pulpa rica en sabor y nutrientes. Esta pulpa es extendida y deshidratada durante unas ocho horas para luego de enfriada enrollarla en rollitos.

Entre las ventajas del proyecto mencionó la transferencia tecnológica,  a partir del conocimiento de las técnicas japonesas de deshidratación y empaques que mejoran la calidad del producto; el valor agregado al mango con la obtención de un producto de mayor vida útil y atractivo para los mercados; la diversificación de la cadena de valor al crearse una nueva línea de negocios, y el impacto económico y social, mediante la generación de empleo y mejora en la calidad alimentaria.

Foto: Raquel Sierra

En el caso del proyecto piloto con la cáscara de café, Yusdel Ferrás Negrín de la Estación Experimental Jibacoa, del INAF, explicó que, a partir del concepto del movimiento japonés OVOP (siglas de One Village, One Product: un pueblo, un producto) que promueve el uso de productos locales para lanzarlos al mercado, trabajaron teniendo en consideración que el café es el cultivo fundamental.

"Cuando inicia el proyecto, teníamos varias ideas, pero pensamos en qué teníamos en la localidad que pudiéramos aprovechar  y pensamos en el cultivo fundamental, el café, y la cáscara, que representa aproximadamente entre el 40  y el 45 por ciento del producto", señaló.

Generalmente, dijo, se utilizaba como abono orgánico, pero al revisar la literatura se percataron de sus otros usos, incluso, en la alimentación, en un contexto mundial.dpnse habla de la biorefinería del café, dándole utilidad a cada parte del producto. Pensaron entonces en la cáscara del café deshidratada y la harina de la cáscara del café, mediante un  riguroso proceso de lavado y deshidratación -tanto solar como en deshidratadores, según el clima-, para lograr la inocuidad. Con esa cáscara se ha obtenido sirope con el que se han elaborado bebidas, té, harina para repostería y panadería y aunque puede no gustarle a todos,  se ha constatado aceptación de los productos, sostuvo.

Foto: Raquel Sierra

Los análisis bromatológicos realizados en  a la cáscara en Japón gracias a JICA, tanto para el café arábica como el robusta, arrojaron que es rica en minerales como zinc, fibra, polifenoles y cobre, fundamentalmente.

Según destacó Medardo Ferrer Viva, investigador de la Estación Experimental Jibacoa, quedan todavía muchas cosas por estudiar, perfeccionar, pues hay muchos elementos de la producción del café que se queman o se emplean como materia orgánica. Ferrer agregó que una encuesta mundial de la Organización Internacional del Café arrojó que el 30 por ciento de los productores del grano utilizan este tipo de práctica de economía circular, mientras buena parte no tiene percepción sobre el tema, por lo que hay que trabajar en capacitar y mejorar la tecnología.

Foto: Raquel Sierra

"Uno de los problemas en el mundo es que el eslabón primario, el  productor, generalmente recibe la menor cantidad de ingresos que genera el producto, entonces, este es un componente importante que puede contribuir al aumento del.ongreso del productor en un escenario de agricultura regenerativa, sostenible bajo sistemas agroforestales", destacó.

Ashida Tatsuya, representante residente de JICA en Cuba, destacó la participación de todas las partes involucradas en el proyecto, incluidas los especialistas japoneses que guiaron y acompañaron la implementación, una productora hondureña que visitó Cuba para transferir tecnología del té de cáscara de café y una profesora de la Universidad de Antioquia, en Colombia. Aunque tuvo un monto financiero pequeño, tuvo una ejecución eficiente y efectiva, logrando resultados no previstos inicialmente, por ejemplo, que los productos llegaran a espacios de comercialización en La Habana y que atrajeran a empresarios japoneses.

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