A lo largo de la historia de Cuba, una y otra vez ha surgido una corriente anexionista que ha visto la solución a los problemas de la Isla en su incorporación a los Estados Unidos. Desde los primeros años del siglo XIX, con figuras que abogaban por la anexión para preservar sus intereses económicos y el sistema esclavista, hasta intentos más tardíos, esta idea ha chocado una y otra vez contra una realidad fundamental: la profunda voluntad de soberanía y la identidad nacional del pueblo cubano. Cada coyuntura crítica puso a prueba este sentimiento, y cada vez, la mayoría de la nación optó por la lucha por una independencia propia, no por el cambio de metrópoli.

José Martí, nuestro Apóstol y arquitecto de la Guerra Necesaria, comprendió este peligro como uno de los mayores riesgos para el futuro de la Patria. Con una visión clarividente, alertó que el fin de la dominación española no debía convertirse en el preludio de una dominación nueva y más poderosa. Su frase más célebre lo resume todo: "Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas". Martí no solo desconfiaba del apetito expansionista del naciente imperio norteamericano, sino que también despreció y combatió la actitud sumisa de los anexionistas dentro de Cuba, a quienes veía como un obstáculo para la creación de una república "con todos y para el bien de todos".

Por eso, la obra martiana y la Revolución que organizó tenían un doble objetivo: derrotar a España y, al mismo tiempo, "impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América". Hoy, recordar esta lucha contra la anexión es honrar la esencia del pensamiento martiano: la independencia no es un símbolo, es la condición absoluta para existir con dignidad y decidir nuestro propio destino. Es el legado que sigue exigiendo defender la Patria, ante cualquier forma de dominación.

(Tomado del perfil en Facebook de Roberto Morales Ojeda)