
Su sonrisa y su sombrero alón son símbolos imperecederos de la Revolución Cubana. Camilo Cienfuegos encarnó como nadie la cubanía auténtica: una mezcla de valentía, humildad profunda y lealtad inquebrantable. Su fidelidad a Fidel y a la causa revolucionaria nació de la convicción más pura, resumida en ese histórico "Vas bien, Fidel" que reflejaba su confianza absoluta en el líder y el camino emprendido.
La vigencia de su ejemplo brilla hoy con fuerza. En tiempos de desafíos, su sentido de patria, su entrega sin condiciones y su eterno optimismo son brújulas para la continuidad. Camilo nos enseñó que la verdadera fortaleza revolucionaria combina la firmeza en los principios con un corazón cercano al pueblo, defendiendo la soberanía con la alegría del que lucha por una causa justa.
Fidel tenía razón: en el pueblo hay muchos Camilos. Su espíritu vive y se multiplica en cada trabajador, joven, profesional o defensor de la Patria que, con igual desprendimiento y amor, contribuye a la obra de la Revolución. Por eso, más que un recuerdo, Camilo es un presente activo, un compromiso que sigue andando, sonriendo y venciendo junto a su pueblo.
(Tomado del Facebook de Roberto Morales Ojeda)

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