Hoy recordamos un hecho histórico que marcó el rumbo de Nuestra América: el 31 de enero de 1962, la Organización de Estados Americanos (OEA), bajo presión de Estados Unidos, expulsó a Cuba de su seno. Fue un acto de prepotencia imperial, un intento de aislar a la Revolución cubana por el “delito” de defender su soberanía y elegir su propio camino.

Hoy, sesenta y dos años después, el paralelismo es innegable: la misma potencia, con nuevos métodos pero idénticos objetivos, despliega una estrategia feroz de asfixia económica, bloqueo recrudecido y campañas de desinformación para intentar nuevamente aislar a la isla. En ambas fechas, separadas por décadas, se demuestra el mismo desprecio del imperialismo por el derecho de un pueblo a su autodeterminación.

Entonces como ahora, la respuesta cubana ha sido un ejemplo de dignidad inquebrantable. En 1962, Cuba no claudicó; transformó el aislamiento forzado en un símbolo de resistencia y solidaridad con los pueblos del Tercer Mundo. En el presente, frente a una guerra económica sin precedentes, Cuba sigue en pie. El bloqueo, la lista de países “patrocinadores del terrorismo” y las sanciones extraterritoriales son la versión moderna del viejo intento de expulsión: herramientas de coerción que pretenden doblegar, pero que solo encuentran firmeza.

La historia, por tanto, se repite en la intención del imperio, pero también en la consecuencia fundamental: su fracaso.

(Tomado del perfil de facebook de Roberto Morales Ojeda)

Otras informaciones:

Participa Díaz-Canel en ejercicio táctico en zona de defensa de Diez de Octubre