Hoy más que nunca, el espíritu de Baraguá no es un simple capítulo de la historia; es un mandato de dignidad y resistencia vigente. Aquel 15 de marzo de 1878, cuando Antonio Maceo dejó clara ante el mundo la intención cubana de luchar "hasta el fin" antes que aceptar una paz sin independencia total, se forjó un principio irrevocable: no hay concesión posible cuando se trata de la soberanía de la Patria.
Ese rechazo categórico a cualquier solución que menoscabe lo esencial, esa voluntad férrea de no claudicar en los principios fundamentales, es la luz que debe guiar cada decisión ante las pretensiones de un imperio que, con métodos más sofisticados pero iguales intenciones, sigue pretendiendo dominar nuestro destino.
Las pretensiones yanquis sobre Cuba no han cesado; se han reciclado en un bloqueo económico criminal que asfixia al pueblo, en una guerra mediática que distorsiona la realidad, y en intentos permanentes de desestabilización y desaliento.
Frente a esta guerra no convencional, pero igualmente agresiva, adoptar una actitud conciliadora con lo innegociable sería traicionar la sangre derramada por generaciones.
El espíritu de Baraguá nos grita que no podemos, ni debemos, aceptar condicionamientos extranjeros sobre nuestro sistema político, nuestro modelo social o nuestra independencia. Es el antídoto contra cualquier forma de sumisión disfrazada de pragmatismo.
(Tomado del perfil de facebook de Roberto Morales Ojeda)
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