El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia se celebró este 11 de febrero. La fecha fue proclamada por la ONU en 2015. Busca visibilizar el papel de ellas en sectores donde la igualdad todavía es un reto.

Cuba llega a esta jornada con indicadores favorables. Datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), publicados en el Observatorio de Cuba sobre Igualdad de Género y en el Anuario Estadístico 2024, reflejan una presencia femenina sostenida en el sistema científico.
La membresía de mujeres en la Academia de Ciencias creció de 25,9 por ciento entre 1998 y 2002 a 34 por ciento en el período 2018-2023. La proyección para 2024-2029 es de 39 por ciento.
En el Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación, las mujeres representaron el 57,3 por ciento del personal investigador en 2023 y el 56 por ciento en 2024. También participaron en más del 50 por ciento de las solicitudes de patentes nacionales. Entre 2021 y 2024 estuvieron presentes en más del 70 por ciento de los expedientes registrados cada año.
Los números muestran avance. La continuidad depende de la formación temprana.

Durante el VI Taller por el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, realizado en el Instituto de Cibernética, Matemática y Física, un grupo de niñas participó en un taller de robótica con enfoque ambiental.
Las participantes pertenecen a un proyecto comunitario vinculado al Centro de Educación Ambiental. Desarrollan acciones de reforestación, creación de viveros y bancos de semillas. También impulsan iniciativas de reciclaje en su entorno.
A partir de ese trabajo diseñaron “Reciclín”; un robot creado para clasificar residuos.
El prototipo fue construido con el sistema EV3. Las niñas programaron el microcontrolador. Ensamblaron motores y piezas estructurales. Incorporaron un brazo mecánico para recoger desechos y colocarlos en cestas diferenciadas. El rojo identifica el vidrio. El verde corresponde al papel. El azul se destina al plástico.
El ejercicio exigió lógica y trabajo en equipo. Hubo ajustes en la programación y en la estructura hasta lograr el funcionamiento estable del mecanismo.
El taller fue impartido por la Dra. Leslie Mora Ávila, de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona. La experiencia permitió que las niñas interactuaran de forma directa con tecnología aplicada a problemas reales.
La robótica no quedó en la teoría. Se vinculó con una práctica concreta en la comunidad.
En un contexto donde las mujeres ya son mayoría dentro del personal investigador del país, sostener esa participación requiere fortalecer el interés desde edades tempranas. Iniciativas como esta conectan escuela, comunidad y tecnología.
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