Cuando se habla de soluciones para la zona costera de La Habana existen varias tendencias de pensamiento. Algunas, reclaman que debió haberse hecho hace tiempo; otras, opinan que para qué tanto estudio si no van a conducir a ninguna parte.
Sin embargo, la más reciente apuesta para pensar respuestas dirigidas a esa parte de la ciudad, propensa a penetraciones del mar y otros fenómenos, que representan un riesgo a las personas, tiene a su favor varios aspectos: por un lado, actualiza los estudios que existen sobre el tema, es decir, se vale de la ciencia para hacer propuestas; por otro, tiene en cuenta los criterios de quienes viven cerca del mar y sufren su ira actual y perspectivas. En resumen, aporta miradas de inclusión y sostenibilidad que antes no se contemplaban.
Hacia allí apunta el proyecto Plan de adaptación para la zona costera de La Habana ante el cambio climático, Adapthabana, que implementa el Instituto de Geofísica y Astronomía.
Yadira González Columbié, directora de Adapthabana, explica que la meta es trazar el Plan de adaptación de la zona costera de La Habana que considere los riesgos climáticos de mediano y largo plazo y las vulnerabilidades específicas e integre las medidas que se propongan en los planes de desarrollo local, territorial y nacional, con la participación de los principales actores.
“Es la meta adonde queremos llegar, a partir de tres resultados básicos. El primero, es la creación y el fortalecimiento de las capacidades, que incluye no solo la formación de los actores claves desde el punto de vista del conocimiento, sino también la actualización de todos los estudios científico-técnicos que apoyen en un futuro el prediseño de medidas de adaptación”, explicó.
Esto es imprescindible, consideró, para que las disposiciones no lleven a una mala adaptación y generen nuevas vulnerabilidades.
El segundo resultado es el diseño de las medidas de adaptación alineadas a los procesos estratégicos de desarrollo local y comunitario de las localidades, mientras un tercero se enfoca en la socialización de ese plan de adaptación y, una vez que esté diseñado, cómo se va a llevar a la práctica.
“El resultado, entonces, prevé diseñar una carpeta de ideas de proyectos que permita que las medidas que se propongan puedan ser ejecutadas o diseñe esas ideas de proyecto para que puedan ser en un futuro ejecutada a partir de una financiación, cuya identificación también se diseña en el proyecto, en el marco de este resultado tres”, indicó.
Con esto, “la propuesta de Plan de adaptación no quedará en un buró detenido sin saber qué se van a hacer con esas medidas, cómo se van a hacer y hacia qué mecanismos financieros hay que dirigirse para gestionar esos financiamientos y llevarlas a vías de hecho”.
Intensidad
Durante 2025, se culminó el proceso de creación de capacidades para actores claves con el fortalecimiento y el desarrollo de un programa de creación de capacidades, diseñado mediante un diplomado de cinco meses, en el cual participaron actores claves de las comunidades, representantes de sectores priorizados, decisores de gobierno, líderes comunitarios. “Esa diversidad de actores ayudó a identificar una línea base sobre su nivel de conocimiento y a partir de ahí establecer ese programa de creación de capacidades”, dijo González Columbié.
“No solo fue la preparación académica, fue crear cultura climática para que se apropiaran de esas herramientas y ese conocimiento y ayudaran a entender cómo sus localidad podrían enfrentar después esos peligros climáticos, diseñando sus propias medidas de adaptación a partir de esas experiencias vividas”, destacó.
El programa construido para este fin incluyó herramientas para diagnosticar los territorios, explicarles a las comunidades el peligro que se corre en la zona costera y movilizarlas para diseñar de conjunto un posible Plan de adaptación, destacó, y enfatizó en la necesidad de insertar las medidas de adaptación en los planes de desarrollo territorial, de manera que se logre la sostenibilidad.

A la formulación de las propuestas contribuyen de manera determinante los nueve estudios relacionados con la evaluación de riesgos climáticos de la zona costera de La Habana y sus vulnerabilidades específicas para aspectos como el aumento del nivel del mar y las inundaciones costeras.
Para dar visibilidad al proyecto, un componente importante ha sido la comunicación desde diferentes espacios, desde los medios tradicionales y folletos hasta las redes sociales, con cápsulas audiovisuales y acciones con los niños y la población en general.
Relevante ha sido la creación de la Red costera de La Habana ante el cambio climático, considerada un mecanismo innovador, que deviene plataforma multiactoral para articular la implementación de las acciones y del futuro Plan de adaptación.
Como parte de esa red, cada uno de los seis municipios costeros: Playa, Plaza de la Revolución, La Habana Vieja, Centro Habana, Regla y La Habana del Este, realizaron durante 2025 actividades de sensibilización y capacitación con actores diversos, se incorporaron al nodo entidades del territorio, se formularon propuestas de proyectos y trazaron nuevas acciones para 2026.

Según destacó, se ha avanzado también en el repositorio de información con que cuenta el proyecto, que prevé una plataforma infocomunicacional que conectará y articulará los nodos de la red y una vez activa permitirá el intercambio de información y acceso a los datos disponibles, los estudios actualizados, el programa de creación de capacidades.
Carta de triunfo para el proyecto
En el contexto generalizado de movimiento de personas hacia otros sectores, este proyecto ha tenido una carta de triunfo: la permanencia. Según González Columbié, “no sé si es que se han enamorado del proyecto, pero hemos tenido esa suerte: se graduaron 82 actores claves y cada vez que los convocamos están ahí”.
A partir del trabajo que está desarrollando el nodo municipal, aunque no los convoquemos, están ahí, y tienen iniciativas propias de trabajar en las comunidades con los niños, los grupos vulnerables, las escuelas y los profesores “y es bonito ver que la semilla que se ha sembrado esté fructificando”.
Acercarse a la meta
A partir de una construcción colectiva y de formación, Adapthabana se acerca a su esencia.
“Estamos en un momento de prediseño y priorización. No ha sido un proceso de buró, con tres expertos escribiendo cuáles serán esas medidas, sino participativo, donde han estado involucrados los formadores y actores claves que desde un inicio han trabajado en el proyecto. Se han elaborado matrices que partieron de los diagnósticos comunitarios, donde se mapearon los actores y los principales peligros climáticos en sus comunidades y cuáles vulnerabilidades hacen que ese peligro se exacerbe y genere mayor riesgo”.
De acuerdo con González Columbié, con la colaboración de un grupo consultivo de expertos en cambio climático, biodiversidad, reducción de riesgo de desastres y sociólogos, entre otros, se está trabajando en el prediseño de las medidas de adaptación, perfeccionando las que se formularon en un primer ejercicio, durante el diplomado, y unificando y determinando cuáles habría que potenciar y priorizar teniendo en cuenta la información actualizada disponible.
“Hasta este momento se han identificado 833 propuestas de adaptación y priorizadas 33, también en perfeccionamiento, y en la valoración de su dimensión social, dada la importancia de tener en cuenta cómo la población se identifica con ellas”, destacó.
Según la directora del proyecto, “ha sido un trabajo muy intenso, queda mucho por delante y este año deben concluirse las medidas de adaptación, socializarlas, diseñar la carpeta de proyecto y la estrategia de financiación, el sistema de monitoreo y evaluación y dejar a la dirección de la provincia y los principales decisores, el documento del Plan de adaptación, con su posible seguimiento y plan de acción”.
Las medidas…
Para tener una idea sobre las medidas, González Columbié mencionó entre estas “las más típicas son la recuperación de manglares y los sistemas de alerta temprana”.
En el caso de Centro Habana, por ejemplo, se ha propuesto un sistema de alerta específica que pudiera ser extensible a los seis municipios costeros, que posibilita, mediante la telefonía móvil, comunicar a la población sobre un evento meteorológico extremo que va a provocar inundaciones costeras, lo que le permite mantenerse alerta y saber en qué momento tiene que adoptar una medida específica.

Este sistema alertaría también al decisor para adoptar medidas relacionadas con la distribución del agua, por ejemplo, toda vez que esas zonas enfrentan ya dificultades en el suministro.
Otras, dijo, se refieren “a disminuir los residuos sólidos en la capital, que si bien no son un peligro climático, sí constituyen una vulnerabilidad que exacerba el peligro climático, porque los residuos urbanos que vienen de las zonas altas arrastrados por la lluvia llegan a la zona costera, tupen las alcantarillas y aumentan las inundaciones. Esas problemática también están siendo abordadas desde las medidas de adaptación”.
Ver además:
Realizan en La Habana Taller de Resultados del Proyecto AdaptHabana en 2025

![[impreso]](/file/ultimo/ultimaedicion.jpg?1770347180)