“Vista hace fe”, reza un viejo proverbio. Justo esa síntesis del saber popular motivó la visita de campo de un grupo de productores agropecuarios de La Habana del Este a uno de los modelos paradigmáticos de la vida rural en Cuba: Finca del Medio, en Taguasco, perteneciente a la provincia de Sancti Spíritus.
Personas beneficiarias del proyecto Apoyo a la soberanía alimentaria y desarrollo local en el municipio Habana del Este a través del fomento de sistemas agroforestales resilientes pudieron conocer en voz del patriarca, José Casimiro, cómo comenzó todo, los pasos y tropiezos en el camino, cuando la familia se decidió a volver a la tierra.
El proyecto que se desarrolla en nueve fincas y espacios productivos y beneficia de manera directa a 483 campesinos y campesinas (100 mujeres) e indirectamente a 26 500 personas, de los Consejos Populares de Campo Florido y de Guanabo, se propuso mejorar la productividad y el desarrollo de los sistemas alimentarios locales, poniendo énfasis en la implementación de la forestería análoga y el sistema silvopastoril, promoviendo la gestión del conocimiento y las tecnologías de diversificación productiva en fincas ganaderas y agroforestales.

Esta iniciativa, que cuenta con la colaboración de la organización no gubernamental española Justicia Alimentaria, responde a la necesidad de desarrollar sistemas alimentarios resilientes e inclusivos y al encargo del sector agropecuario cubano de garantizar la seguridad y la soberanía alimentaria desde el ámbito local, como parte de su estrategia de desarrollo.
En pocas palabras, el propósito es impulsar el desarrollo de fincas que desde la capacidad creativa de sus agricultores, su empeño y el aprovechamiento de los conocimientos adquiridos en las capacitaciones y los recursos entregados puedan lograr producciones que satisfagan necesidades propias y aporten a la alimentación del territorio.
¿Por qué Casimiro?
Según explicó Aurelia Castellanos, presidenta de la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA), organización que ejecuta el proyecto, está orientado a la reforestación, las energías renovables y el uso de sistemas silvopastoriles, quienes intervienen casi todos tienen fincas, diseñadas a su manera.
Justo ahí entra a jugar la experiencia de Finca del Medio, donde las producciones agrícolas se obtienen mediante prácticas agroecológicas, con el empleo de energías renovables –biogás, baterías solares, molinos a viento-, crían ganado, cerdos, peces y abejas meliponas o de la tierra, aprovechan al máximo el agua de lluvia, canalizándola y cuidando a su vez, el suelo, entre otras.
“Queríamos que vieran su finca para ver hasta dónde ellos pueden llegar. Tienen muchas ganas de ver cosas para pensar qué `pueden aplicar en sus espacios”, agregó Castellanos.

En Finca del Medio, además, han rescatado prácticas constructivas probadas por los siglos: cúpulas que no requieren acero para darles fortaleza e ideas creativas y sostenibles, por ejemplo, el uso de envases de cristal a modo de tragaluces, una cocina eficiente de leña de factura propia que permite la cocción de alimentos para un centenar de comensales.
Con toda la hospitalidad del mundo, Casimiro les contó sobre su infancia rural con abuelos canarios en una zona eminentemente tabacalera años atrás, la entrada de la mecanización y las comunas, el despoblamiento del campo al morir los envejecidos campesinos de la zona.
Fue patrullero, gruero y un día decidió regresar al campo. Ávido de saber, dice que estudia y aprende cada día, pone a prueba esos conocimientos, les incorpora un sentido común innato, introduce mejoras y no se rinde. A veces, relató, rehacen algo que construyen juntos, en familia, tal vez con algunas escaramuzas, cuando una idea nueva puede dar resultados mejores.
“Yo nunca vine aquí pensando como que esto fuera un negocio, veía lo que vivieron mis abuelos, mi papa que fue el que vino después, le encontré un atractivo familiar, siempre hice mucha fuerza con la familia, es un capital muy grande hacer cosas y disfrutarlas”, les dijo a los atentos productores habaneros.
Este campesino ha sido testigo de cómo en los alrededores se han entregado tierras plagadas de marabú a nuevos campesinos, poseedores de tractores, que aprovechan la bondad de suelos que no fueron explotados por años, y junto a su familia ha construido un espacio para vivir y producir que vienen a admirar personas que comparten su amor por la tierra, de aquí y de todas partes, quienes se marchan no solo con herramientas prácticas, sino también con inspiración. Eso también sucedió con los integrantes del proyecto.
Sus comentarios fueron lecciones para la gestión. “Todo lo que hay hecho aquí, lo hemos hecho nosotros, incluso la instalación de los paneles solares, con la coordinación de amigos y de gente que nos ayudaron. Hemos encontrado que las cosas tienen unos precios tan altos que, o no la haces o aprendes a hacerla. Si montas un molino a viento y no sabes bajarlo, cuando venga un ciclón lo pierdes”.

Y así les reveló cómo aprovecha el agua en una finca de una caballería, con un seis por ciento de pendiente; la construcción y funcionamiento del biogás y el uso que le dan; las experiencias con visitantes de todo el mundo, las complejidades y bondades de vivir en el campo, la armonía en la familia, con rectitud y participación, la escasez de fuerza de trabajo en el campo y cómo un eslabón de la finca se engancha con el otro, no le roba energía y da tiempo para pensar.
No ha sido un trayecto fácil ni sencillo. “Nos vimos obligados por economía y por ganar nosotros también, aprender la construcción de un biodigestor y ahí empezamos a relacionarnos con la mezcla y los ladrillos, y mira, somos un equipo profesional para hacer cosas sin saber lo que estamos haciendo… lo de nosotros es poquito a poquito, 20 ladrillos hoy, una carretilla mañana, pero la idea es estar toda la vida en un mismo lugar y tener un camino trazado”, les dijo.
“Cuando tú sumas todo eso, creas una resiliencia, hemos tenido personas de muchos lugares del mundo que han estado temporadas aquí, de universidades y hemos sumado detalles de resiliencia, de sociología, de todas esas cosas, de cultura, y siempre nos dan aliento”, destacó.
En el intercambio, ávidos de saber, productoras y productores beneficiarios del proyecto de La Habana del Este querían saber de todo, cómo hace Casimiro esto, cómo logró lo otro: su experiencia con el tractorcito Kubota, el ganado menor, las cercas vivas de piña y los perros que ahuyentan a extraños.
“Usted dignifica de verdad el campesinado cubano, usted es un verdadero campesino”, le dijeron al anfitrión.
En sus fincas, algunas establecidas y otras que apenas inician, podrán experimentar, adaptar e innovar a partir de los consejos de Casimiro, lo que vieron que le ha dado resultados.

Continuidad
Lo que ha construido Casimiro y su esposa Mileidy Rodríguez tiene continuidad: su hija Leidy es la primera doctora cubana en ciencias agroecológica, un hijo asumió una finca cercana y teje su propia historia, mientras Chabely es una enamorada del campo donde nació y asegura que la finca es su segunda madre.
Después de haber estudiado en la ciudad, lo que le permite darle una mirada artística a todo lo que se propones considera un gozo “que los niños como yo nazcan en este lugar y crezcan así, pues entonces hace que lo amen”.
“Yo siempre digo que no cambiaría este lugar por nada”, dice la joven, quien se sabe todas las historias, de sus abuelos, sus padres y construye en Finca del Medio la de su propia familia.

Como su papá, habla de canales, pendientes, pozos, molinos a viento, estanques, biodigestor, de lo que han hecho y lo que falta por hacer, porque esta finca de Taguasco que tantas ideas dio a los visitantes del proyecto de La Habana del Este, al equipo de ACPA y de Justicia Alimentaria, en una suerte de viaje a la semilla, es una obra en construcción, con sueños; planes, algunos postergados momentáneamente, pero siempre con la mirada hacia el futuro y en 360 grados, pensando en el campo como fuente de vida digna para su gente, y de alimentos y espiritualidad y sostenibilidad para el país
Recuadro
Contexto
- Forestería análoga es una herramienta de restauración ecológica que permite crear paisajes ecológicamente estables y productivos, imitando la estructura y procesos de los bosques mediante una metodología sencilla y flexible.
- Sistemas silvopastoriles son la combinación de especies forestales o frutales y animales, sin la presencia de cultivos.

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