La Licenciada Yusel Cardona González, enfermera intensivista, a sus quince años de labor confiesa que ninguna profesión la hubiera atrapado como esta. “La Medicina no era mi vocación. Cuando niña sentía preferencia por ser actriz de teatro. Estuve, incluso, en un círculo de interés de actuación; pero no me resultaba llorar, por ejemplo, y desistí. No era este el camino.

Licenciada Yusel. Foto: Raúl San Miguel

“Ya en el preuniversitario me presenté a pruebas de ingreso para la licenciatura en Enfermería y mi universo cambió: me enamoré de esta profesión que actualmente ejerzo. Fue una oportunidad porque pude iniciarme en un sistema de estudio de curso completo de esta especialidad. Fuimos del grupo llamado las azulitas, por el color del uniforme.

“Soy natural de Santiago de Cuba, estudié en la Facultad Máximo Gómez Báez. Aprendí que es una de las profesiones más consagradas en la Salud Pública y sostienen una altísima responsabilidad durante el proceso de evolución del paciente, desde que se realiza el diagnóstico clínico-médico.

“Estamos todo el tiempo más cerca del paciente. Conocemos si su evolución resulta satisfactoria o no. Si el tratamiento indicado es efectivo. Cada paciente es diferente y la familia que le acompaña también, incluso el entorno social del cual procede influye indirectamente.

“Algunas cosas las aprendemos en la práctica. No todas las familias entienden o asumen cuando se les explica la enfermedad de su familiar y el porqué del tratamiento que reciben. Esa comunicación se aprende en el día a día de nuestra especialidad.

“Uno sale en las mañanas del hogar y vienes a trabajar. Debes dejar detrás tus problemas, que padecemos como todos: el transporte, la situación de la electricidad, los abastecimientos para asegurar los recursos básicos del hogar, y transmitir tranquilidad, serenidad y sobre todo que funcione la atención al paciente y sus familiares con la mejor actitud. Debemos ser portadores de la respuesta adecuada en cada caso.

Desde hace un año asumo la jefatura de Enfermería del Hospital Universitario Calixto García. Es una gran responsabilidad. Antes era jefa de la sala de terapia intensiva. Este hospital es un coloso que atiende a todos los municipios de La Habana y de algunas provincias. De ahí que tenemos hora de entrada, pero no de salida.

“Tengo un hijo de 24 años que me apoya. Mi esposo, mi madre, una familia pequeña, pero que me apoya. Es fundamental. Admiran mi labor y me suceden anécdotas simpáticas como la sorpresa de los amigos de mi hijo cuando se enteran de lo que hago como jefa de enfermeras. Mi madre aurora, sufrió mucho cuando el siniestro del hotel Saratoga. Mi esposo es mi bastón. Me ayuda muchísimo. No todo es color de rosa, pero me dice: Aquí estoy, lo mismo para trasladarme al hospital, regresarme a casa o buscar algo necesario para el trabajo en nuestra institución.

En nuestra carrera es mucho el sacrificio y de estudios continuos. Tengo categoría docente. Formo parte del claustro de profesores que forma a residentes que serán futuros especialistas de cuidados intensivos. Soy especialista en primer grado de Enfermería intensiva y de emergencia, graduada de un diplomado de cuidados intensivos y de emergencias, frente a desastres.

Tenemos que estar siempre preparados, más cuando se labora en un hospital que es referencia nacional en atención de politraumas. No puedo quedarme detrás. Tenemos que estar preparados para cualquier situación que se pueda presentar”.

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