Sumó un año más a su existencia durante el transcurso de la semana, mientras un numeroso grupo de vecinos esperaba pacientemente que llegara el domingo para celebrarle una fiesta de cumpleaños, sorpresivamente.
Sucede con asiduidad y también con bastante frecuencia lo socializan periódicos, televisoras y estaciones de radio. A cada rato cuadros y funcionarios tocan a la puerta de figuras históricas, cualquier gloria o personalidad, y le celebran el onomástico en nombre de la organización, organismo e institución que representan y el pueblo. Lo hacen incluso con quienes alcanzan el privilegio de ingresar al selecto club de los centenarios y aquellos que en años sucesivos mantienen la permanencia.
Pero lo de Graciela Duncan Sánchez resulta diferente. No es ninguna celebridad ni tampoco cumple 100 años. Es ¡¿más sencillo?! E igual de emotivo.
A ella le organizaron la fiesta –por iniciativa propia y no por mandato- sus propios electores; fue a la mujer y la persona que es, no a la delegada, pero, aunque pudiera parecer paradójico, sí por cuánto hace como delegada.
Este reportero, a quien todo el mundo conoce en el barrio no fue avisado, y es la mejor prueba de que lo esencial era el homenaje y no la fanfarria.
Cuenta que el devenido parque de los grandes acontecimientos y festividades de la demarcación, se llenó de convocados, autoconvocados y pasantes que detuvieron el paso.
Los fiñes le organizaron un mini espectáculo, con casi todo lo que el arte abarca en materia de manifestaciones, y hasta Luis Ramón Peñalver Gálvez, violinista profesional, egresado de la academia, echó mano al instrumento e improvisó el afamado Cumpleaños feliz, y otros números, que por allegados de la congratulada, sabía eran de eran de su gusto.
También hubo regalos: bolígrafos, agendas, hojas, bolsos…, salidos de la comunión de voluntades y el agradecimiento, de sus electores e incluso otros vecinos del barrio, pertenecientes a otras circunscripciones.
Y si bien es verdad que fruto de la gestión de Graciela, en Aldabó no se ha levantado ni siquiera una parada y tampoco reparado un solo banco de parque, fueron los mismos vecinos que pidieron la palabra en medio del agasajo, quienes sacaron a relucir razones y argumentos.
“Graciela lo mismo organiza un trabajo voluntario, que una fiesta para niños y adolescentes de barrio, y convoca a la conmemoración de importantes acontecimientos históricos. Pero sobre todo, siempre está presente en todos los problemas de la comunidad. Se le puede ver, en función de la organización, en cualquier cola. Anda para la gestión oportuna cuando no llega el pan o viene tarde; cuando aparece el gas no falta ninguno de los días de venta, y si el agua escasea, como ahora mismo, se multiplica por mil y deja los calcañales en la búsqueda de un respuesta que devuelva la tranquilidad a la comunidad.
A la teniente coronel del MININT, graduada de ingeniería en Telecomunicaciones, con fama de mujer de carácter, alejada de sentimentalismo, esta vez se la aflojaron las piernas. Llegó puntual, a un parque especialmente engalanado, en tanto habría de celebrarse un fiestón para la “chamacada”, como cierre a la semana de receso escolar, según le habían hecho saber. Y terminó con los ojos húmedos y enrojecidos.
Esta esta vez le tocó el lugar que no acostumbra a ocupar, y sabrá Dios qué resorte movió descubrir o confirmar que sus electores la quieren al punto de poner a un lado tantísimos problemas que le definen y enredan la existencia, solo para celebrarle el cumpleaños.
En descuerdo seguro que los habrá. La probable ingratitud de los hombres alcanzó a hombres de la talla de Máximo Gómez, Maceo y hasta José Martí, como no ha de hacerle sombra a una humilde mortal que le ha tocado jugar al duro cuando escasean pelotas y guantes. Pero al final las cuentas hablan para hacer saber que tantas voces no pueden estar equivocadas.
Yo, en particular, me gustaría remarcar, que fuimos testigos de un homenaje, que por sobre todo, lleva implícita la gratitud de esos ancianos vulnerables y solitarios, que gracias a la gestión de Graciela, pueden contar con un mensajero que les compra el gas, sin costo adicional alguno. O esos otros, que en igual condición, reciben un módulo con alimentos, a precio módico, cada dos o tres meses.
Más de medio barrio hablo bien de Graciela en el cumpleaños que ellos mismos le habían organizado. Nunca antes eso había ocurrido en el reparto. La actividad concluyó con un aplauso cerrado y mormullos de aprobación.
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