La Feria de emprendimientos y experiencia comunitaria, en la sede el Proyecto de Desarrollo Local (PDL) La Mina, en Centro Habana, reunió a emprendimientos de perfiles diversos: cosmética natural artesanal, bisutería, gastronomía, confecciones y recreación.

Entre veteranos y noveles, el encuentro fue el cierre de la iniciativa Zona Rayo Activa Mujeres 2026, desarrollada entre marzo y abril por Galleria Continua, en colaboración con la Embajada Rebirth Tercer Paraíso en Cuba, La Mina, el PDL Espacio Híbrido y el proyecto Zonas Creativas Centro Habana de la Agencia Italiana de Cooperación para el Desarrollo (AICS)-La Habana.

En este universo del emprendimiento, fundamentalmente femenino, estuvieron EcoRizos, de cosmética natural; Sedavid, con almohaditas aromáticas rellenas de lanas de seda; Café Oddara, con propuestas hechas a la medida de cada encuentro, entre otros que se sumaron nuevamente al llamado a dar a conocer sus experiencias y productos.

A este escenario que promueve la colaboración y las alianzas, algunos participaron por primera vez y, según afirmaron, no será la única.

Foto: Raquel Sierra

Causas y azares

Cinco amigas, cuatro historiadoras de arte y una artista, unieron sus habilidades y hobby y los convirtieron en un emprendimiento: Mali Bazar. Según Lidicel Montes de Oca, “desde hace mucho tiempo queríamos hacer algo juntas y decidimos unir lo que se hace cada una, con cosas diferentes, de ahí el nombre de bazar,

En Mali Bazar pueden encontrarse entonces accesorios “que pueden ser en acero inoxidable, pero también en mostacillas –pequeñas cuentas de diversos materiales-, y en tejido a crochet con una sola aguja: carteras y amigurumi, pequeños juguetes a los que les damos nombres y que “tratamos de mostrar a las personas no como simples muñecos como los peluches, sino como objetos que acompañen”.

Mali Bazar Foto: Raquel Sierra

Este nuevo emprendimiento, abrió recientemente su cuenta en Instagram, una suerte de vitrina donde muestran lo que hacen. “Todas las cosas que tenemos son por pedido y son personalizables, tanto en el tamaño como en los colores” sostuvo la joven, de 27 años.

En alguna medida, apuestan por el reciclaje: “Cuando no tenemos el material de relleno, esponja sintética, utilizamos prendas que ya no vamos a usar para rellenar los amigurumis, pero “donde más se aplica el reciclaje es en el forro de los bolsos tejidos, a partir de pedazos de tela que tenemos en la casa, que han tenido vida anteriormente, o que compramos específicamente para ese fin”.

Otro es el caso de Vidrio vivo, dedicado a elaborar artículos de vidrios reciclados del recorte o de la merma que generan las cristalerías. Según explicó Alejandro Reyes, utilizan “vidrio de obra de diferentes texturas y lo ensamblamos en frío con adhesivos especiales” para ese material.

Foto: Raquel Sierra

Reyes, graduado de la Escuela de artesanía, comenzó en el mundo del vidrio haciendo peceras en casa para sus peces y terminó “haciendo cosas decorativas y utilitarias para el hogar”. Normalmente, señala las cristalerías tienen la recortería a un precio más bajo que el vidrio en plancha grande. Igual, agregó, cuando va por las calle y encuentra algún fragmento que le pueda servir, los guarda para utilizar luego.

De esta manera, de sus manos surgen porta inciensos, lámparas, cofres, búcaros y bandejas, entre otras, explicó en su primera incursión en este tipo de feria. “Algunas piezas se hacen en serie, también trabajamos cosas por encargos, personalizadas y en ocasiones de inspiración o de escasez de algún tipo de vidrio, hago una pieza única”. Sin tienda física, comercializan sus piezas vía online y se promueven mediante redes sociales como WhatsApp o Instagram.

“Llevo muchos años haciendo educación ambiental en la Quinta de los Molinos con animales vivos. Me gustan los animales desde pequeño y traté de llevar un poco el oficio de la cristalería y las peceras a algo más decorativo y así hago también reciclaje, que es una forma de ayudar al medio ambiente”, dijo.

En tiempos recientes, ha incorporado a algunas de sus piezas hojas secas de árboles cubanos y hojas de álamo esqueletizadas, que simboliza la meditación y el pensamiento budista, dijo Reyes.

Maribel Domínguez es la coordinadora del Proyecto de Desarrollo Local Espacio Híbrido, que forma parte del entramado cultural de los emprendimientos de La Habana. “Actualmente estamos apoyando desde la parte de producción y logística al proyecto Zona Creativa, con incidencia en el territorio de Centro Habana, como parte de un programa sombrilla que abarca también espacios de Matanzas, La Habana del Este y La Habana Vieja”.

En Zonas Creativas en Centro Habana, describió, “hemos venido identificando por una parte, emprendimientos vinculados a las industrias musicales y todos los procesos a su alrededor: desde el actuar de los propios músicos hasta los mecanismos en los que la música se va posicionando en los medios, pasando por la producción, el marketing”.

Foto: Raquel Sierra

A su vez, se ha trabajado también el diseño y en su vínculo con la arquitectura, “porque Centro Habana es un territorio bastante versátil en este aspecto, tanto en los inmuebles como en los procesos y dinámicas que tratan de rescatar el patrimonio y las tradiciones que forman parte de su visualidad y estética”.

A propósito, en la feria participaron con un estand de intervención de ropa, trabajando en el diseño de vestuario. “Las muchachas hacen recortes, colocan parches o les hacen ajustes a las prendas para que sean un poco más versátiles. Por ejemplo, la personas traen un pantalón que quizás tiene una manchita o les queda muy largo y los intervienen para que quedan estéticos y funcionales”.

En esa mesa, participaron diseñadoras que forman parte de las acciones que se realizan dentro de Zona Creativa: Laila Chaaban, de Capicúa, y Larismary Alpízar, de Dechados.

Después del recorrido por las mesas, el intercambio y las conexiones, la feria concluyó con un taller de baile para reciclar la energía con el proyecto Bonche by NanaP.

Ver además:

En La Mina, feria de emprendimientos