Y AUN CARLITOS SIGUE CANTANDO !
Ni siquiera las memorias selectivas y geográficamente circunstanciales podrán desdeñar la impronta de las obras sociales construidas por una valiente nación inspirada en ideales y sentimientos altruistas que intenta conquistar cotidianamente la dignidad de la condición humana.
Puede que persistan "huecos" en derredor , voces incomprendidas y equívocos tradicionales pero jamás se traicionó la voluntad de fecundar el amor ni de forjar nuestra valiosa cubanía.
Desconocer la verdadera historia de un país, del sacrificio de generaciones de hombres por aquellos sujetos que a penas son invitados a sentarse en la peor esquina de una mesa rodeada de platos fríos e indiferentes no es impugnar el pasado sino dejar de existir en el presente, es simplemente descortezar la piel de tu identidad.

En un enero pero del año 1995 justamente en el año del centenario de la caída del apóstol se realizó en el Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN) la primera extirpación en Cuba de un quiste cerebral por técnicas y métodos de mínimo acceso. El fallecido profesor y periodista José A de la Osa se introdujo en el escenario médico narrando magistralmente en su artículo publicado en Granma cada etapa del procedimiento endoscópico encefálico, los tipos de procederes multidisciplinarios y por sobre todas las cosas engrandeciendo de contenido emocional su narrativa con segmentos de la vida del protagonista de aquella gesta del Sistema de Salud Cubano: el paciente: Carlos López LLeo, de 11 años en la fecha de la intervención.
Carlitos, niño alegre, aficionado al canto y lleno de sueños se había infestado bacterialmente en la década de los 80 enfermando de Meningitis Meningocócica.
En aquél momento no se había descubierto la vacuna Patria y gradualmente sus padecimientos físicos motores fueron tornándose crónicos y devastadores hasta detectarse un quiste detectado en silla turca que le provocaba gradualmente la perdida aguda de la visión, cefaleas constantes y limitaciones en su movilidad.

Carlitos prendado de verde y antes de entrar al salón con franca complicidad de su madre Flora María LLeo Mayeta le confió al escritor que cantaba desde estar en brazos maternales y esperaba seguir haciéndolo toda su vida. Ya en pleno auditorio sanitario lo replicó a todo el personal sanitario que acudía con profesionalidad hacia aquel reto. La operación que ostentó una duración aproximada de tres horas concluyó con excelentes resultados en la salud del paciente significando un nuevo paradigma de la ciencia médica cubana en dicha disciplina.
A finales del año 2025 en una actividad festiva alguien solía afirmar con admiración: ¡que bien canta música mexicana ese muchacho! ¿Quién es? Le respondieron. Es Carlitos! el hijo de Flora, es un auténtico mariachi y es admirable su voluntad de vivir .
Tal vez hoy 31 años después no se remarquen los nombres de aquellos neurocirujanos, de las enfermeras y de todo el esfuerzo paramédico que lucharon para salvar las condiciones neurofisiológicas de aquel niño de manera apasionada y con el deber sagrado de hacer sanar; pero lo esencial es que jamás nadie podrá negar, aun destruyendo cientos de archivos, la implacable fuerza digna de nuestra realidad. Ah y, por supuesto, tampoco Carlitos dejará de cantar!.

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