Mucho ha ido ya el cántaro a la fuente y, en consecuencia, de un tiempo a esta parte cuando se acerca el inicio del curso escolar los padres de los alumnos empiezan a poner cara de preocupación. Cada nuevo período lectivo un acontecimiento que en Cuba, por universal, gratuito, priorizado…, constituye una verdadera fiesta del saber, también en virtud de subjetividades que actúan en dirección contraria a la lógica, ha devenido una suerte de tortura comercial y padecimiento colectivo.

Foto: Oilda Mon

La paradoja hace su aparición cuando, después de tanto esfuerzo, cálculos, dinero asignado a costa de esto o aquello (no  menos importante), y aseguramiento de (casi) todo lo verdaderamente imprescindible (instalaciones, textos, mobiliario, y en buena medida el profesorado),  por parte del estado, en función de garantizar un exitoso desarrollo del proceso docente educativo, asoma la oreja peluda de –llamémosle- improvisación, de una parte, y la falta de exigencia, por otro lado,  y algo tan sencillo como la compra-venta de los uniformes se convierte en una agotadora y agobiante carrera contra el tiempo, en la que en no pocos casos unos compran para el suyo la talla que le viene bien al hijo de su vecino, y viceversa.

Esto último es lo criticable y no el hecho de que, por cuestiones de fuerza mayor, los tejidos no llegaran a tiempo y, en consecuencia, las confecciones experimentaran cierto atraso, que no ha sido mayor gracias a la loable respuesta dada por los trabajadores de talleres de costura, ante la convocatoria hecha por las autoridades para, en la medida de lo posible, restar espacio al tiempo perdido.

El tema de las insatisfacciones con la compara de los uniformes ha vuelto - ¡otra vez! - a aparecer con mucha fuerza en los medios de prensa nacionales, lo cual significa que, sin justificaciones de peso, por enésima ocasión hemos vuelto a tropezar con la misma piedra.

La vinculación escuela-tienda es una magnífica idea, pero de nada valen los esfuerzos ni propuesta geniales y novedosas, si los resultados son igual de caóticos, sobre todo en materia de correspondencia entre pieza y tamaño y corpulencia de los muchachos.

Se sabe. Si para un organismo no debe ser difícil tener un estimado bastante cercano a lo real de tales cuestiones, ese es Educación, el cual está obligado a estrechar aún más los lazos con las empresas de confecciones y Comercio, con la mirada puesta en la informatización.

Un viejo y socorrido refrán acuña que los golpes enseñan. Sin embargo, el tozudo septiembre regresa todos los años para demostrarnos que, como en las reglas, tampoco existen proverbios sin excepciones.