Precipita y ha precipitado, es verdad, pero también es cierto que su distribución geográfica no ha favorecido a los habaneros: la lluvia, por lo general, ha ido para aquellos lugares donde no representa un beneficio para los principales acuíferos vinculados al suministro a la población, lo cual ha empezado a comprometer las disponibilidades y en consecuencia también las entregas.
De acuerdo con la información ofrecida por Amaury de la Peña Matos, en julio llovió por encima de la media histórica (102 %), y el acumulado de enero hasta la fecha sobrepasa el 80 %, pero la mayor cantidad, lejos de los embalses o en zonas urbanizadas, lo cual dificulta el escurrimiento hacia el manto freático.
Transcurrido casi tres meses y medio del período húmedo (mayo-noviembre), el efecto positivo de lo que ello presupone debería hacerse notar, sin embargo, el Sistema de presas Coca-Zarza-Bacuranao, al este de la provincia, y con responsabilidad en el abasto para el consumo de los habitantes de esa geografía, de conjunto acumula un tercio de su capacidad total (35,6% de llenado), y solo una de las cuatro principales cuencas subterráneas que abastecen la ciudad (Cuenca Sur) está en estado normal y ha experimentado cierta recuperación, mientras que Ariguanabo mantiene su nivel dentro de la zona favorable, pero con tendencia al decrecimiento, y Jaruco y Almendares-Vento (la de mayor peso, responsabilizada con el 50% de todo el abasto), clasifican como desfavorables y acusan decrecimientos.
Dicho en términos prácticos: la sequía nos ha tocado a la puerta. Ello, al decir de Antonio Castillo, subdirector de Aguas de La Habana, obliga a poner en práctica estrategias operacionales, que de momento y mientras no se agrave la situación, incluyen reducciones de presión y del tiempo de servicio en los lugares vinculados a las fuentes de abasto con menos problemas, a fin de poder llegarle a todo el mundo y evitar, por ahora, afectaciones en los ciclos.
Desgraciadamente esto sucede justo al concluirse la conductora Crucero Centro, con la cual se pretende mejorar el abasto a La Habana Vieja y, como es lógico, se traduce en un impacto negativo que no deja manifestarse el beneficio calculado en toda su magnitud.

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¿¿Y qué otras opciones se estudian para que esas aguas que caen donde "no deben", deriven hacia los embalses capitalinos? Se ha pensado en abrir nuevos embalses e interconectar? ¿Que se hace en materia de almacenamiento de aguas tanto estatal como privado? Seria base de otro reportaje que agradeceriamos mucho...