La mayor fiesta de las artes visuales en Cuba ha concluido con la también impronta de abrazar a La Habana en su Aniversario 500. Por la dimensión que constituyó la participación de 12 000 artistas visuales, por primera vez, la Bienal de La Habana en su XIII edición, traspasó el marco geográfico para presentarnos proyectos artísticos en las provincias de Pinar Río, Matanzas, Cienfuegos, Camagüey y en menor medida, en Sancti Spíritus.

Ya cumplidos los 35 años de esta gran fiesta, no podemos dejar de mencionar algunos elementos que nos proporcionó su existencia en este 2019.

Marcado por la presencia de nueve premios nacionales, brillaron exposiciones como la de Manuel Mendive en la Galería Acacia, –que se extiende hasta el 31 de mayo–; las obras de Roberto Fabelo, René Francisco, Pedro Pablo Oliva en la majestuosa exposición de HB en el Gran Teatro de La Habana, Galería Collage y el Taller Ensamble, así como en otros espacios del malecón y Obispo.

Es menester mencionar los proyectos que se suman a la bienal y otros que emergen para incluso convertirse en perennes, tales son los casos de la III edición de Detrás del Muro dirigido por Juan Delgado, el Taller Chullima coordinado por Wilfredo Prieto y el Corredor Cultural de Línea, liderado por la arquitecta Vilma Bartolomé. Este último promete quedarse, en tanto es una propuesta que se desarrollará en parques, edificios, paradas y otros espacios a lo largo de la calle línea, y de esta forma, necesita de un tiempo más prolongado para completarse. Esta fabulosa idea no permitirá que despidamos del toda nuestra bienal.

Un momento importante fue la presentación en el Centro Wifredo Lam de la revista de Arte Cubano en su primera edición de este año, dedicada esta vez al premio Nacional de Artes Plásticas 2018 José Ángel Toirac; asimismo resultó muy significativa la presentación en el Museo de Arte Cubano del libro de René Francisco, que recoge su vida artística y pedagoga.

Estuvimos ante una bienal que, para nuestra satisfacción, nos ha llenado de obras de arte –como estamos acostumbrados– desde galerías, museos, y open studios, pero a su vez, seremos testigos de futuras reconstrucciones arquitectónicas (proyecto Corredor Cultural de Línea) y protagonistas de la inserción vital del público de todas partes al arte cubano y extranjero como se ha cumplido con el proyecto Detrás del muro.

Con la clausura aparente de la bienal es seguro que surjan reflexiones en torno a la necesidad de reorganizarse, repensar los espacios en donde se emplazan las obras e incluso cuestionar la articulación de algunas de ellas. Claro que los criterios serán diversos en torno a qué sabor nos ha dejado la XIII Bienal de La Habana, no obstante, debemos valorar desde la generalidad y no juzgar con criterios emocionales, sino desde los argumentos más racionales. Lo más importante, es que dé de qué hablar.