Resumen el dinamismo de una época asociada a los incontenibles avances tecnológicos que nos han marcado profundamente: son los Joven Club de Computación y Electrónica. Esta idea tomó forma en septiembre de 1987 cuando Fidel comprendió que el infinito de los unos y los ceros podía comenzar a transitarse con un sencillo clic. Desde ese momento la población cubana los ha incorporado a su dinámica cotidiana llamándolos solo como Joven Club (JC).

La madre sabe que en ese lugar su hijo estará empeñado en algo útil y divertido. Sí, porque la inteligente iniciativa tiene muchos seguidores de todas las edades, sin embargo, sus grandes entusiastas son los niños y jóvenes que colman esos espacios señoreados por computadoras a los que nosotros en la Isla llamamos simplemente máquinas, y que en los JC funcionan las 24 horas, desde las cuales se emprenden actividades lúdicas, se accede a un curso, a una cuenta Nauta o a productos instructivos y recreativos como la carpeta La Mochila. Los clubs de computación evolucionaron al compás de los cambios técnicos. Ahora también proveen asistencia informática para dispositivos móviles.

Vivo a medio camino de dos de los cinco que tiene el municipio de Plaza de la Revolución, de 87 en toda la capital. Ambos en Nuevo Vedado, uno en 26 y 41 y el otro en Estancia entre Santa Ana y Conill. De este último me alegra su proceso de remodelación que lo convertirá en una “joyita” tal como aseguró una vecina, orgullosa de esa institución del Ministerio de las Comunicaciones. Allí el trato es muy amable y profesional. Sus instructores se emplean a fondo, y eso que deben atender al día hasta 40 personas. Jamás se rinden, siempre están creando nuevas propuestas: Para este verano ya los chicos del barrio hacen sus equipos con vistas al Torneo de Juegos.