Desde hace unos días, la farmacia ubicada en la calle Neptuno, esquina a Hospital, en el municipio de Centro Habana, ha perdido la tranquilidad que ofrecía con su óptimo servicio. Primero fue la rotura de la caja registradora y, en consecuencia, los necesitados de medicamentos quedaron “detenidos” en el tiempo y esperar al siguiente día, por supuesto, sin tener en cuenta la proximidad de una mala nueva: “Estamos cerrados por tupición”.

Desde el pasado lunes hasta la fecha las aguas negras siguen ahí…, en medio de los rostros molestos de quienes acuden para comprobar la absurda sentencia de un papel sobre el cristal. Es oportuno recordar que hace menos de dos años el sistema de farmacias recibió una ofensiva de reparaciones casi capitales en La Habana. Pienso en que tamaño esfuerzo ha sido sostenido por inversiones de recursos materiales y financieros importantes, en la restauración y reparación de estas unidades para la comercialización de medicamentos, sobre todo condicionado por el mayor de los valores que nos llaman a fomentar en estos tiempos difíciles: reaccionar, accionar y resolver los problemas con una fuerte dosis de conciencia frente a las dificultades.

Después de una semana sin cumplir su objeto social, los trabajadores de esta unidad farmacéutica han permanecido expuestos a todas las consecuencias generadas por una tupición en la red hidrosanitaria. Como si fuera poco, son responsables de la venta de fármacos que también constituyen un esfuerzo importante del Estado cubano para garantizar la calidad de vida de muchos pacientes, en uno de los territorios más densamente poblados de la provincia.

Es necesario que las autoridades responsables de la funcionalidad de este tipo de servicios reaccionen, accionen y encuentren una solución que devuelva la sonrisa y el buen trato, sin un cartel de nuevo aviso.