Justo cuando salía escuché la voz solícita de aquella mujer hermosa, con sus ojos curiosos y plenos de mucha vida, pedirme un pedacito de “teipe” (cinta adhesiva) para aislar unos cables de su auto. Sentí el privilegio de ser elegido por el SOS de Diana Rosa Suárez, quien –en solo un instante– me llevó por los vericuetos de la memoria a una escena donde ella encarnaba a Helena de Troya y Menelao (el actor Miguel Gutiérrez) blandía la espada y dispuesto a matarla…, y lo logró, pero de la risa.

“¡Quedé desnuda!”, me confirmó la increíble actriz e hizo reír porque aquel recuerdo era resultado de los riesgos de una transmisión en vivo durante la cual ni ella ni Gutiérrez pudieron contener las carcajadas ante la caída del vestido, de estilo griego, cuando intentaba retenerlo contra su pecho.

Como si fuera poco, se dirigió a un auto estacionado a solo dos metros y dijo: “Ven, te mostraré a una verdadera y gran actriz…”. Quedé impactado. Se trataba de Aurora Basnuevo, indescriptible en palabras y de quien guardo su desgarradora interpretación del personaje Dolores Santa Cruz. La diva me permitió intercambiar algunas palabras que hubiera grabado sobre mi piel.

Del reciente y mágico encuentro logré la posibilidad de expresarle a la Basnuevo, mi admiración por su ejemplo de madre y referente de unidad familiar con el reconocido actor Mario Limonta. Descubrí cómo un pedacito de “teipe” posibilitó aquel encuentro causal con dos grandes actrices de todos los tiempos capaces de hacernos sentir y vibrar como suele ocurrir cuando observamos la sonrisa de una mujer agradecida, cada segundo domingo de mayo.