El sentido ético de servicio a la patria emergió temprano en los sentimientos de José Ramón Fernández, quien siendo militar el 4 de abril de 1956, forma parte de la llamada “conspiración de los puros” dentro del ejército de la seudorepública y contra los golpistas del 10 de marzo, liderados por el entonces sargento Fulgencio Batista.

Foto: Sitio Fidel soldado de las ideas

Por esta razón fue enviado tres años a prisión. El propio Fernández argumentaba las razones de aquella conspiración que pretendía sacar del poder usurpado a los que violaron el orden constitucional e instaurado un gobierno servil a los intereses de corruptos y ladrones bajo la sombra aprobatoria del gobierno de los Estados Unidos y los grupos mafiosos que controlaban los principales rubros económicos de la Isla.

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Su decisiva participación en la preparación de los milicianos y los combates de Playa Girón, mostraron la dimensión de su compromiso declarado en una de sus últimas intervenciones públicas. “La deuda que pude tener por pertenecer a un ejército como este (antes de la Revolución), la saldé con la postura inclaudicable que he tenido toda mi vida”.

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Sus palabras ratificaban la disposición y entrega que le valieron la condición de Héroe de la República de Cuba, y los diferentes cargos de altísima responsabilidad que le llevaron a materializar sus ideas al servicio del pueblo en un alto cargo dentro las Fuerzas Armadas Revolucionarias, como diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, vicepresidente del Consejo de Estado, posteriormente asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, general de división en la reserva, y miembro del Comité Olímpico Cubano, cuya presidencia asumió durante décadas.

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Nadie puede hablar de este dolor que sentimos los cubanos, como su compañera de todas las batallas, la destacada revolucionaria Asela de los Santos Tamayo, ejemplo de la combatiente que desde la vanguardia revolucionaria supo apoyar al amor de su vida hasta el último aliento.