Foto: Francisco Blanco


Cada persona tiene una o varias fechas de celebraciones, pero sin temor a equivocarme diría que el 31 de diciembre es común a todos. Unos se van de parranda con amigos, otros prefieren la reunión familiar y por supuesto debe haber alguno que apegado a sus recuerdos escoja un lugar apartado. Lo común es felicitarse y desearse salud, anhelo que lo mismo lo manifiesta un conocido o no.

Generalmente convoca a celebraciones, muchas de las cuales encierran particularidades. Por ejemplo los buñuelos, el dulce de toronjas con queso blanco, los tamales, yuca con mojo y para algunos, orientales fundamentalmente, el casabe, que según sus consumidores debe remojarse en agua salada y luego utilizarlo como envoltura de una pequeña ración de lechón asado. Lo que casi nunca falta es el cerdo asado y un congrí.

Del 31 de diciembre recuerdo tradiciones de mi abuela que colocaba poquitos de sal en un cartón y…. para averiguar los meses de lluvias del próximo año o los tres frijoles… que había que poner según su receta, debajo de la almohada para saber cómo nos iría el futuro. Conjeturas que siempre nos entretenían.
Esa fecha es particularmente para los cubanos especial porque ese día desde hace 60 años todos celebramos el advenimiento del triunfo que nos marcó una nueva era como seres humanos.