El estreno en temas de carácter internacional y locales por parte del señor Jair Bolsonaro, (futuro presidente de Brasil), ha sido un naufragio de consecuencias inimaginables. Ello advierte lo que seguramente será esa administración, en la etapa subsiguiente.

Hay errores que se pagan muy caros y sin dudas la falta de respeto y ofensas proferidas por este personaje (carente de conocimientos y raciocinio como dirigente) contra los médicos cubanos tendrá, como ya se avizora, la repulsa de la comunidad internacional y, particularmente, de millones de brasileros, víctimas principales de las fanfarronerías y la ceguera política de su próximo dignatario.

Y es lamentable, pues el pueblo más humilde y olvidado del gigante del Sur había encontrado en los especialistas de la Isla, una mano profesional y solidaria capaz de ofrecerles oportunidades de atención primaria y de prevención de salud, esa que nunca antes habían conocido las regiones más inhóspitas y apartadas del país.

El Programa Más Médicos tenía el reconocimiento de la inmensa mayoría de los pobladores, quienes constataban cómo múltiples enfermedades y padecimientos crónicos podían ser erradicados o controlados mejorando la calidad de vida de millones de seres humanos.

Cuba, de manera digna y soberana se vio precisada a retirar sus médicos de Brasil ante las constantes provocaciones y expresiones descabelladas de odio reveladas por Bolsonaro cuestionando, y a la vez condicionando, la colaboración de la Mayor de las Antillas en esa nación.

Lo que nunca dijo este debutante a Presidente es que los 8 mil hombres y mujeres de las batas blancas procedentes de la nación caribeña que llevaban tiempo trabajando allí, lo hacían en zonas muy complejas, intrincadas, y en situaciones sumamente difíciles para cualquier galeno. Y que, por lo general, los doctores oriundos de ese gran territorio prefieren asistir o atender a quienes residen en las grandes capitales, y no a los de menos recursos que viven en áreas de la Amazonía y otras comunidades de la periferia, incluyendo, además, las favelas.

El regreso del personal de salud a la Isla, luego de prestar importantes servicios en cientos de localidades brasileras, se está realizando con profundo pesar por lo que ello representa para los pobres que son la inmensa mayoría de los habitantes que no pueden sufragar las prestaciones sanitarias.

Pero la dignidad y los principios éticos de los médicos y paramédicos cubanos tienen que ser respetado. Ni Bolsonaro ni otro pendenciero miembro de su calaña podrá jamás vilipendiar o chantajear lo más puro y noble creado por la Revolución en estos 60 años de existencia, el Sistema Nacional de Salud, el cual ofrece cobertura a la totalidad de los ciudadanos y contribuye además, con profundo sentido humanitario y altruista, a brindar ayuda a los más necesitados del planeta.

De ahí el reconocimiento y prestigio que los profesionales de la Mayor de las Antillas tienen en el mundo, el cual se acrecienta cada día más ante la abnegación y valía de estos titanes de la Patria.