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Después de casi 18 años vuelvo a ella. Y es que por estos días ve la luz en nuevas hermosas y ediciones por todo el mundo la novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, mientras Netflix amenaza en convertirla en serie. Inmerso en una maratónica lectura conjunta acompañado de cientos de lectores, esa posibilidad que dan las redes sociales hoy, me embarqué nuevamente y como si fuera la primera vez al mítico Macondo.

El clásico latinoamericano cuenta la historia de una aldea imaginaria, Macondo, y de la estirpe de sus fundadores, los Buendía. Se presenta dividida en 20 sucesiones narrativas que carecen de título y/o numeración. Si bien es cierto que los frecuentes saltos temporales definen la técnica narrativa de Cien años de soledad, hay que decir que tales retrospecciones y anticipaciones ocurren principalmente dentro de sendas secuencias (capítulo); distendiendo el hilo narrativo al interior de cada suceso, proveyéndolo de un ritmo particular.

Novela de numerosos personajes, todos, sin importar protagonismo tienen story line y voz propia; creados desde la veracidad absoluta, algunos inspirados en personas reales, son de las maravillas de este texto. La narración está estructurada en lo que muchos coinciden como la fundación, guerras civiles, la compañía bananera y la decadencia y destrucción.

Varias son las temáticas abordadas por El Gabo en su creación maestra: la guerra y la violencia, el progreso, el incesto, las utopías, los presagios e incluso la referencia histórica; pero sin duda el tema central, en el cual se vertebra toda la monumental obra, es la soledad.

Sería literalmente imposible en tan pocas líneas abarcar esta grandeza literaria como dice un amigo “parece escrita por alguien de otro planeta”. Sirva para incentivar a lectores a un viaje hacia nuestro propio asombro, a lo extraordinario de las cosas más comunes.