Foto: Alex Castro y Estudios Revolución




“A los héroes/ se les recuerda sin llanto, / se les recuerda en los brazos, / se les recuerda en la tierra; / y eso me hace pen-sar/ que no han muerto al final, / y que viven allí/ donde haya un hombre presto a luchar, / a continuar”.

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Te debo Comandante el temblor ante la respuesta que darías hoy a cada nuevo conflicto de quienes no entienden la grandeza de tu obra. Observo una ciudad que besa a sus hijos, que aprendió el valor de los libros y las vidas de cada uno de los seres que la construyen. Recuerdo mañanas y tardes de embeleso ante el torrente infinito de ideas que regalaste sin pedir nada a cambio.

Resuenan hoy instrumentos musicales y voces de aquellos que le cantan a la Isla de Fidel. Es que Fidel no está muerto, ¿cómo puede morir la vida, la oportunidad de elegir, de amar la verdad que nos dejó? Fidel está vivo en la historia. Un niño nace hoy sin la inquietud de cómo será su vida al crecer, va escrito en las primeras letras cuando aprende su nombre, en la vacuna de mi brazo izquierdo, en cada paso que demos, desde hoy, hasta que muera la memoria humana.

La memoria se despierta para que escuchen los que quisieron segarte. Pinceles y carboncillos se deslizan por el lienzo azul infinito para bocetar tu rostro de sabio en las nubes. La palabra de millones sobrevuela plazas, escala palmas y surca los mares en la figura de Fidel. Solo quienes conocen del metal que forjó su espalda pueden hablar de girasoles.