¿Quién no ha sentido esa placidez de un sopor tan inesperado como agradable después de la comida? En especial nos sucede si ya estamos en el reposo del hogar, pero también puede ocurrir tras almorzar en el trabajo.

Pues este letargo imprevisto es una cuestión de pura química debido a una función metabólica de la glucosa, la cual hace descender en el hipotálamo los niveles de oxerina, proteína que permite mantenernos alerta.

Denis Burdakov y su equipo de investigadores de la Universidad de Manchester, en Inglaterra, demostraron que incluso una subida casi imperceptible de la glucosa disminuye sensiblemente la actividad neuronal.

Por eso, si quieres seguir despierto deberás evitar las comidas ricas en carbohidratos o grasa; en cambio, mantendrás los ojos bien abiertos tras un banquete de proteínas.