Foto: Ecured

Cuando nos referimos a la desertificación y la sequía, hablamos de una compleja amenaza medioambiental que afecta con fuerza el ámbito socioeconómico, lo que provoca más muertes y desplazamientos humanos que cualquier desastre natural.

El Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía fue declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas a partir del 19 de noviembre de 1994, a fin de sensibilizar a la población mundial en la imperiosa necesidad de luchar contra la desertificación y los efectos nocivos de la sequía; y aplicar las disposiciones de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD).

Este 2019 se celebra el 25 aniversario de la adopción de la CNULD, bajo el lema “Construyamos el futuro juntos”, organizado por Turquía, para poner a relieve los progresos globales en materia de gestión sostenible del suelo y los logros en el combate contra la desertificación y la sequía en el mundo. Aunque aún falta mucho por hacer.

La UNCCD ha contribuido al avance de la gestión sostenible de la tierra. En la actualidad, sus 197 Partes implementan la Convención bajo acciones coordinadas y orientadas a resultados con objetivos claros para recuperar y restaurar las tierras degradadas. El objetivo final es proteger nuestra tierra contra el uso excesivo y la sequía, para que pueda continuar brindándonos alimentos, agua y energía.

Aunque existen evidencias de recuperación de paisajes degradados, a través de prácticas de manejo sostenible de la tierra durante estos últimos años, como las más de cinco millones de hectáreas de tierra degradada en la región del Sahel, que se han restaurado a través de una práctica conocida como: regeneración natural gestionada por los agricultores, aún queda mucho por hacer.

Casi 170 países están afectados por la desertificación, la degradación de la tierra o la sequía. Las amenazas recurrentes y crecientes de incendios forestales, olas de calor, migraciones masivas, inundaciones repentinas, aumento del nivel del mar e inseguridad alimentaria y del agua son evidentes.

Para el 2030 se pretende lograr la neutralidad de la degradación de la tierra a través de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En concreto, el ODS 15 sobre la vida en ecosistemas terrestres hace referencia a la desertificación en su tercer punto: “Para 2030, luchar contra la desertificación, rehabilitar las tierras y los suelos degradados, incluidas las tierras afectadas por la desertificación, la sequía y las inundaciones, y procurar lograr un mundo con una degradación neutra del suelo”

Datos y cifras que debemos conocer

La desertificación es la degradación del suelo fértil y productivo, el cual pierde de manera parcial o total la capacidad de producir. Esto ocurre como consecuencia de la destrucción de la cubierta vegetal, de la erosión del suelo y por falta de agua.

La sequía se define como una etapa transitoria en la que la disponibilidad de agua está por debajo de los requerimientos estadísticos de una determinada área geográfica. Su causa principal es la falta de precipitaciones y se denomina sequía meteorológica. Cuando esta situación persiste se llama sequía hidrológica.

Se estima que en el 2025, 1.800 millones de personas vivirán una escasez absoluta de agua. Además, dos tercios de la población mundial no dispondrán de suficientes recursos hídricos.

En 2045, alrededor de 135 millones de personas en todo el mundo pueden haber sido desplazadas como consecuencia de la desertificación y 2.600 millones de personas dependen directamente de la agricultura, pero el 52 % de la tierra utilizada para la agricultura se ve moderada o severamente afectada por la degradación del suelo.

La pérdida de tierras cultivables se estima en 30 a 35 veces la tasa histórica.

Debido a la sequía y la desertificación, se pierden 12 millones de hectáreas cada año (23 hectáreas por minuto). En un año, podrían haberse cultivado 20 millones de toneladas de grano.

El 74 % de los pobres son directamente afectados por la degradación de la tierra a nivel mundial. Actualmente, 13 millones de hectáreas de bosque desaparecen cada año y la degradación persistente de las zonas áridas provoca además, la desertificación de 3600 millones de hectáreas.

Las actividades del uso de suelos representan casi el 25% de las emisiones globales de CO2. Por lo tanto, las mejoras en este sector, junto con un uso más sostenible de las tierras, son fundamentales para ayudar a combatir el cambio climático.

El fenómeno en Cuba

Cuba no está exenta de este problema, pues tiene dañada alrededor del 14 % de su superficie, debido fundamentalmente a un inadecuado manejo de las tierras y su riego, la deforestación, entre otras causas. La sequía origina el agotamiento de los suelos y la disminución de las reservas de aguas subterráneas, lo que provoca efectos perjudiciales en la actividad socio-económica del país, en especial en la producción de alimentos.

La Isla cuenta con un Programa Nacional de Lucha contra la Desertificación y la Sequía (PAN), que vincula factores, procesos y ecosistemas que se encuentran en la naturaleza en constante interacción. La aplicación de tecnologías para la explotación de los suelos y los recursos hídricos,  los procesos de contaminación de aguas y de los suelos, el manejo de los sistemas agrícolas y el aprovechamiento de los residuales en función de la protección y rehabilitación de suelos degradados.

También la inclusión de ecosistemas como las áreas protegidas y la influencia de la degradación y la deforestación sobre los ecosistemas costeros y humedales, las condiciones de salud y la educación de las poblaciones residentes en las áreas afectadas por los procesos de desertificación, son algunos de los factores que se han tenido en cuenta en la perspectiva integradora de este programa.

El PAN se inserta en el Plan de la Economía nacional a través del Programa de Mejoramiento y Conservación de Suelos, el Programa de Reforestación y otras vías nacionales de financiamiento, con lo cual se ha logrado obtener una experiencia positiva en las fases de su implementación.

Esta conmemoración nos brinda una oportunidad única para recordar que se puede neutralizar la degradación de las tierras mediante la búsqueda de soluciones, con una firme participación de la comunidad y cooperación a todos los niveles.

Por esa razón, se insta a todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas a sensibilizar a la opinión pública mundial acerca de la necesidad de unirse en la lucha contra la desertificación y los efectos nocivos de la sequía, cada vez más frecuente e intensa en todas las regiones del mundo.

De la conservación y recuperación de los suelos depende la producción de alimentos, imprescindibles para la vida de los seres humanos. Si no existen suelos saludables no será sostenible la vida en el planeta y mucho menos podremos alcanzar el futuro que queremos.